De nuestro interior al éxito en Centroamérica: Mauricio Tapia, el entrenador argentino que triunfó en Guatemala

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Después de haber vestido las camisetas de Independiente de Neuquén, Racing de Avellaneda y Arsenal de Sarandí, y luego de pasar por el fútbol paraguayo, a fines de los 90 un veinteañero Mauricio Tapia se abrió una puerta en el fútbol de Guatemala. Sus días como futbolista terminarían, pero su estadía en esas tierras, no. Hoy, a sus 48 años, el tandilense que sueña con dirigir en Argentina le puso la primera pausa a su carrera como director técnico, tras obtener tres títulos consecutivos. Conocé su historia, como sólo Interior Futbolero te la puede contar.

Los Panzas Verdes. Así se los apoda a los hinchas del Club Deportivo Antigua de Guatemala. Esos que, después de las vueltas olímpicas de 2015, 2016 y 2017, adoptaron a Mauricio Tapia como el máximo ídolo en la historia de la institución fundada en 1958. Es que aquellos tres campeonatos, los primeros para el club, se escribieron por siempre, en negrita, en las páginas más importantes del fútbol guatemalteco. El ciclo de Tapia al frente del club verdiblanco se compuso de 230 partidos dirigidos, en los que cosechó 96 victorias, 74 empates y 60 derrotas. El tiempo en el cargo -asumió en 2014- y el porcentaje de efectividad -50.4% de los puntos obtenidos-, hacen de estos datos, números poco comunes en el fútbol contemporáneo. Pero ¿cómo se edificó, en el caribe, la carrera de este nacido y criado en Tandil?

«Mi desembarco en Guatemala se dio porque, a los diecisiete años, me fui de Tandil para jugar al fútbol. Y hasta los diecinueve, estuve en Independiente de Neuquén, donde empecé jugando los famosos regionales de aquella época», recuerda Mauricio Tapia, desde Antigua Guatemala, pequeña ciudad al sur del país centroamericano. «A los 20, me llegó una prueba de Racing. Estuve tres años en Primera y, de ahí, me fui a Arsenal, en la B Nacional. Y después, recalé en Sol de América de Paraguay». Y continúa: «Allí, por intermedio de un compañero, se me dio la posibilidad de venir a Guatemala, supuestamente, por seis meses. Y ahora, llevo más de veinte años acá».

Aquel primer semestre en el caribe sería, sin saberlo ni imaginarlo, el puntapié necesario para convertirse, hoy, en un entrenador que estuvo, incluso, muy cerca de ser designado al mando de la Selección de Guatamela: «Empecé mi carrera como director técnico en lo que sería un Nacional B de Argentina. Estuve cuatro años y logré salir campeón y ascender dos veces». Pero a Tapia le esperaban fotos aún más inolvidables por delante: «Después, tuve la oportunidad de estar cuatro años en Antigua y salir campeón tres veces. Algo que el club no había logrado nunca. Y en toda la historia del fútbol de Guatemala, ningún técnico había conseguido tres títulos con un equipo departamental». Y aclara: «Con equipos del interior, nadie lo había podido lograr. Acá, la diferencia con los equipos capitalinos está muy marcada. Municipal y Comunicaciones, por ejemplo, tienen 30 títulos cada uno».

Como si se tratara de una característica inherente a él, Mauricio Tapia salió del interior de la Argentina, para crecer y obtener logros, también, en el interior de otro país. Y ese capricho del destino, de una forma u otra, lo erige como una especie de representante del fútbol que se juega, siente y respira, fuera de las luces de las grandes ciudades. «Me genera orgullo representar a mi país y a mi ciudad. Excepto ahora que Santamarina tiene participaciones importantes en la B Nacional, por lo general, Tandil se había identificado por sacar futbolistas trascendentes en el ámbito local e internacional. Mariano González, Bernardo Romeo, Mauro Camoranesi, El Chino Garcé y muchos más que nos han representado muy bien. Pero en esta zona, soy uno de los pocos que defiende el prestigio de Tandil. Y eso me da mucha satisfacción. Me siento orgulloso de poder volver siempre y seguir juntándome con mis amigos de la infancia y con la gente que me vio nacer».

Ahora, luego de haberle puesto punto final a su exitoso proceso al frente de Deportivo Antigua, aquellas mismas ilusiones que lo empujaron a apostar por un fútbol completamente lejano al que había aprendido y conocido en su infancia son, también, las que le permiten soñar con alguna oportunidad en su tierra: «En Guatemala he cumplido todos los objetivos que puede tener un entrenador. Mi salida de Antigua fue porque yo creía que, después de cuatro años, sería bueno cambiar de aire, de caras y de desafíos».  Y en su tono de voz, la añoranza se hace notar: «Voy a seguir creciendo y desarrollando las capacidades que creo que tengo. Empezar a trabajar en el fútbol sudamericano es un objetivo a muy corto plazo . Y, si es posible en mi país, mejor aún. Independientemente de la liga o las circunstancias. Porque en el fútbol, como en la vida, se trata de ir abriendo puertas y encontrar realidades superiores».

Y fue así, abriendo puertas, como Mauricio Tapia salió de su Tandil natal y de las canchas de los torneos regionales para, tiempo después, levantar copas vestido de traje y lejos de casa. Y así, también, pretende abrirlas ahora. Pero este vez, quizá, para regresar.

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