INSTITUTO (Córdoba) 1 – 1 VILLA DÁLMINE
La Gloria dejó pasar otra chance de despegar. Pálido empate frente a Villa Dálmine. Un gol de Soda salvó el punto, pero el pibe se fue con insultos de la platea. Muy feo.
Violetas de bronca. Inflados. Así se quedaron todos anoche en Alta Córdoba con un empate 1-1 ante Dálmine poco útil. Casi nada. Violentas de bronca como el pibe Soda, que le gritó el empate a la platea que lo puteó desde el minuto 0. Así fue la noche de viernes para la Gloria. Olvidable y enfermante.
Una decisión atrevida siempre trae consecuencias, de las buenas y de las no tanto. El técnico Mazzola optó por arriesgar fichas ante Dálmine porque era necesario ganar. Más que eso. Era urgente.
Y por eso colocó un sistema 4-3-3, dándole la oportunidad mas importante desde que está en el club a Pablo Soda como extremo. Así armó el triángulo con Guerreiro por el medio y Magnín por derecha ante la defensa Violeta.
Dálmine, bicho, entendió que lo suyo pasaba por esperar el error del rival. Un equipo típico de B Metropolitana, al que quizá le falte fútbol pero le sobra dignidad.
A los 15 minutos, un cabezazo de Guerreiro que tapó magistralmente el arquero visitante pudo ser un quiebre en el partido. Pocos minutos después, en una contra que desnudó serias fallas defensivas, Nouet sólo ante Hoyos la picó sobre el arquero y la acompañó hasta la red para el 1 a 0.
El gol provocó el desorden general de la Gloria, que se perdió ente el nuevo sistema y los viejos fantasmas. A esa altura, lo que pintaba para ser la noche de la recupera, parecía la del hundimiento.
De allí al final de un triste primer tiempo, el equipo de Mazzola sólo se limitó a tirar centros, como si el partido fuera a terminar ahí mismo. Si no cambiaba el chip para el complemento, la historia podía tener un final bravo.
Empate y poco más. La segunda mitad le pedía amor propio a Instituto si quería torcer el rumbo. Porque ante este tipo de equipos es el corazón lo único que te puede sacar adelante.
El ejemplo lo daba Maxi Correa, dejando todo y hasta llegando al arco rival para probar con un remate de peligro.
Pero el equipo albirrojo se seguía quedando en centros: huérfano de ideas. Hasta que en uno de esos centros, Soda se jugó la patriada de su vida y la mandó a guardar.
Era el 1-1 y había tiempo porque quedaba más de media hora para girar el destino del partido. Después, el autor del gol dejaría su lugar a Gotti, con un inútil intercambio de insultos con la platea.
A los 37, Mainero (saltó a la cancha por Bernardi), tuvo en sus manos el desahogo y el gol en la boca del arco. Lo perdería increíblemente. Así fue la noche para la Gloria: para quedar violeta de bronca. Porque no puede ganar en casa.
Fuente: Día a Día de Córdoba
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