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  • Cristian Moyano: los guantes de Totoras que contienen los pelotazos de la pandemia

    Cristian Moyano: los guantes de Totoras que contienen los pelotazos de la pandemia

    Una prueba en Boca, años de inferiores en River, el afianzamiento en Instituto de Córdoba y una carrera futbolística de casi veinte años, con más de diez camisetas, que llegó a su fin con el traspaso a ese equipo que, en la primera línea de lucha contra el coronavirus y dentro cada hospital del país, disputa una final todos los días. Cristian Moyano, a sus 39 años, decidió abandonar el profesionalismo del fútbol para ejercer su otra profesión: la kinesiología. «No me costó ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una», cuenta el santafesino que ahora trabaja en el Hospital Fernández. Y, como quien analiza un partido decisivo, agrega: «No tengo miedo, pero sí responsabilidad. La enfermedad complica muchísimo a las personas que la padecen, yo lo vi». En el arco como en la vida, de un palo a otro: el antes, durante y después del fútbol, la importancia del estudio, el arraigo con el club que lo formó, el sentido de la oportunidad aún en tiempos de crisis y más, en esta charla mano a mano con Interior Futbolero.

    Por Juan Pablo Francia.

    “Bueno, gente. Llegó el momento de colgar los guantes. Le estoy eternamente agradecido a cada persona que conocí por este deporte. Hoy le digo adiós a un amigo, el arco. No te cuidaré más. ¡Nos vemos en otra vida!». Con esas palabras, el 12 de julio, en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio y a través de su cuenta personal de Instagram, Cristian Moyano anunció su retiro del fútbol profesional. Después de haber vestido las camisetas de Instituto de Córdoba, Sportivo Belgrano de San Francisco, Boca de Río Gallegos, El Linqueño de Lincoln, Sarmiento de Junín, Colegiales, Defensores de Belgrano y Cañuelas, vivió sus últimos dos años de carrera con los colores de Deportivo Laferrere, en la Primera C. Y en un triunfo 2-1 frente a Central Córdoba de Rosario, el 29 de septiembre de 2019, el oriundo de Totoras, Santa Fe, se calzó los guantes de arquero, de forma oficial y como titular, por última vez. La decisión representaría abandonar la defensa de los tres palos cada fin de semana, pero no por eso dejar de atajar. En otra cancha y al tiempo, pasaría a utilizar guantes de látex, barbijo, máscara y uniforme para incorporarse al plantel del único equipo que le juega de igual a igual al rival más complejo de los últimos tiempos: la pandemia de Covid-19. «Cuando decidí estudiar, me propuse meterle cueste lo que cueste. Si tenía que sacrificarme en lo que sea, lo iba a hacer», cuenta el exarquero, con el bullicio del hospital de fondo, en medio de su único descanso en un día largo de asistencia y rehabilitación de pacientes que, tras internación en terapia intensiva, atraviesan un proceso para restablecer su fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. «Vemos y atendemos pacientes post Covid que están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir. Y muchos bajan con traqueotomía», describe. Y, como quien hace carne del desafío que afronta, explica: «Sabía que era una oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que estudien o hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Hoy me siento orgulloso de estar trabajando en algo que me gusta».

    Interior Futbolero: ¿Cómo decidiste introducirte en una carrera universitaria en paralelo al fútbol profesional?

    Cristian Moyano: Los primeros tres años de la carrera de kinesiología los hice cuando estaba en Defensores de Belgrano. Y terminé medio repartido entre Cañuelas y Laferrere, cuando cursé el último año y me recibí. Mi hermano es kinesiólogo y quiropráctico. Y Antonella, mi novia, me incentivó a terminar el secundario. A mí me faltaba un año. Y por intermedio de Agremiados, a través de la Fundación El Futbolista, me dieron la posibilidad de finalizar los estudios o hacer algún curso. Mi novia me dijo que averigüe y me convenció. Si bien siempre fui un chico de estudiar cuando vivía en Totoras, después conocí el mundo del fútbol y eso me alejó del estudio. Ahora, de grande, lo pienso y  fue una locura. Pero cursé doce materias, rendí los exámenes y en un año terminé el secundario. Entonces ya le había agarrado el gustito a estudiar otra vez y  mi novia me dijo que me ponga a hacer una carrera. Fue mi hermano el que me preguntó: «¿Por qué no estudiás kinesiología? Está relacionado al deporte, que es algo que vos hiciste siempre». Él estaba en Santa Fe y cada vez que venía a Buenos Aires me acompañaba a averiguar en distintas universidades Y ahí elegí Fundación Barceló, que era la que me brindaba los mejores horarios para acomodarlos con el fútbol.

    La historia del arquero de Totoras que ahora ayuda a pacientes que padecieron Covid-19 | INFO MASIF: Y cuando comentabas que después de entrenar tenías que ir a cursar, ¿cuál era la reacción o recepción de tus compañeros del plantel?

    CM: Algunos lo tomaban con gracia, otros me felicitaban y a otros, directamente, no les interesaba. Pero yo trataba de exigirles a los más pibes que terminen de estudiar. Intentaba inculcarles que traten de terminar y hacerles entender que no es difícil. Si bien el fútbol ocupa mucho lugar en la cabeza, en tiempo son dos o tres horas por día. Después tenés todo el día para hacer algo. ¿Y qué mejor que poner la cabeza en otra cosa? Eso también hace bien. Tuve la suerte de que, en esos cinco años de carrera, me tocaron compañeros que me apoyaron, así como también cuerpos técnicos que me ayudaron. A veces tenía que cursar e irme antes del entrenamiento. O por ahí concentrábamos y tenía que ir a cursar, entonces me dejaban ir y volver a la concentración. Fueron cinco años de mucho esfuerzo y sacrificio, en los que mi novia fue la que más me bancó, pero los clubes también me ayudaron.

    IF: Durante el proceso de estudio, ¿en algún momento sentiste la necesidad de derribar ese estereotipo que encasilla al futbolista?

    CM: Cuando estaba en Cañuelas, clasificamos para la Copa Argentina y nos tocó enfrentar a Rosario Central en cancha de Unión de Santa Fe. En ese momento, creo, estaba en tercer o cuarto año de la facultad. Obviamente, mis compañeros de cursada sabían que jugaba al fútbol, pero siempre fui reservado. Cuando iba a la facultad, quería hablar de temas de estudio o de otras cosas de la vida, pero no de fútbol. Por lo cual no contaba mucho. Esa noche jugamos y perdimos 1-0, pero a mí, personalmente, me fue bien. Cuando terminó el partido, me llamaron desde la transmisión para hacerme una nota porque me habían elegido figura del partido. Y cuando fui al vestuario y abrí WhatsApp, tenía como 130 mensajes. Entre todos esos, tenía algunos de mis compañeros felicitándome y otros que me decían: «Qué bien que hablás». ¿Y por qué? ¿Porque juego al fútbol tengo que hablar mal? Todavía está instalado que el jugador de fútbol no sabe hacer otra cosa. Y la verdad es que no es así. Por eso mismo siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que hagan algo, que estudien, hagan un curso de inglés, computación o lo que sea. Que hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Te fue bien, no te fue bien, te fue más o menos y listo. He conocido a muchos jugadores a los que, lamentablemente, no les ha ido bien y terminaron haciendo algo que no les gustaba. Por eso el momento que hay que aprovechar es cuando se tiene un sueldo y la posibilidad de pagarse una facultad. Se puede estudiar, se puede hacer otra cosa y prepararse para lo que viene. A mí me tocó dejar de jugar, pero con la tranquilidad de tener una profesión para continuar. Eso me dio paz conmigo mismo. No es que terminé de jugar y no sabía qué hacer. 

    IF: Cuando recordaste a aquel pibe que dejó el estudio por el fútbol, hablaste de Totoras, tu ciudad natal y el club en el que empezó todo. Hoy, trabajando en un hospital y desde la distancia de Buenos Aires, ¿qué representa Totoras Juniors?

    CM: Totoras Juniors me formó como persona y eso es lo más importante. A los cinco años empecé en el fútbol y jugué en Totoras hasta los quince. Si bien es el club de mi pueblo, tuve grandes técnicos que me enseñaron a ser buena persona, respetuoso y profesional. Y eso fue lo que me puso feliz. Muchos me agradecieron cuando decidí no jugar más. Mediante mensajes o llamados, hubo gente que me felicitó y hacía tiempo no hablaba. Me agradecían por algún consejo o por haberme portado bien cuando no me tocaba jugar. Y eso es con lo que me quedo de mi etapa deportiva. Dentro de un club se pueden hacer las cosas bien o mal, porque somos humanos y nos podemos equivocar. Pero considero que no podés fallar como persona.

    IF: Y entre Totoras Juniors y tu aparición en Instituto de Córdoba allá por la temporada 2001 de la B Nacional, ¿cuál  y cómo fue el camino recorrido?

    CM: Cuando tenía quince años, fue Boca a hacer una prueba de jugadores de mi categoría, hicimos un partido amistoso, al técnico que estaba en aquel momento le gustó cómo atajé ese día y me convocó para que viniera a Buenos Aires y haga una prueba. Me probé durante una semana, en ese momento en el Parque Sarmiento, y todo resultó bien. Me quedé un año y pasé a River, donde estuve otros dos en inferiores. Después tuve un interín de tiempo en el que me volví a Totoras. En River llegué hasta cuarta, hice pretemporada con Reserva y cuando volví de la pretemporada, el técnico me dijo que iban a bajar muchos arqueros de Primera. Yo tenía 19 años. En esa época estaban Burgos, Bonano, Sessa, Costanzo e Ischuk. Había muchos arqueros e iba a ser muy difícil. Fue en la época de Ramón Díaz y Omar Labruna. Lo charlé con mi familia porque era pibe. Venía de un pueblo y era todo nuevo para mí, me quería volver porque no aguantaba más. Ahí, el técnico de la Primera de Totoras Juniors me dijo que quería que me quedara y que me iba a poner en Primera para que tomara confianza. Empecé a jugar en la Liga Totorense, que la juegan equipos de la zona y de otros pueblos cercanos, y a los tres meses salió una prueba en Instituto de Córdoba. La condición hablada era que, si surgía una posibilidad, me podía ir sin ninguna traba. En Instituto quedé y estuve cuatro años. Hasta que, en 2005, me fui a Sportivo Belgrano.

    El arquero Cristian Moyano se retiró del fútbol profesional • Diario Democracia

    IF: Vestiste más de diez camisetas en tu carrera como arquero y varias en el fútbol del interior, ¿cuál fue la experiencia que más te marcó?

    CM: Con Instituto no pude jugar en Primera porque, cuando ascendimos, me fui del club. Pero fueron cuatro años muy buenos en los que viví la experiencia de jugar el Nacional B, que es un torneo bárbaro. Después tuve una lesión en un tobillo que me complicó y me obligó a buscar un lugar en el que pudiera jugar. Y mi lugar lo encontré en Sportivo Belgrano, que por entonces jugaba el Argentino B. Estuve casi un año y medio y jugué casi 100 partidos. La de Sportivo Belgrano fue mi experiencia más importante en el interior. Disputé muchos partidos, personalmente me sentía muy bien y teníamos un gran equipo. Lo único que faltó fue ascender. Justo, en esa época, nos cruzamos con San Martín de Tucumán, que era un equipo gigante jugando un Argentino B. Pero Sportivo fue el club que me dio más continuidad. Eso me hizo madurar mucho.

    IF: Dejaste el fútbol durante la cuarentena e ingresaste a trabajar a un hospital en plena pandemia. ¿Cómo viviste esa transición?

    CM: He conocido compañeros que dejaron de jugar y tuvieron que volver porque no podían vivir sin fútbol. Por dificultad o incluso por necesidad económica. No es fácil. Y menos si tenés familia. De pronto te encontrás con que el ingreso económico al que estabas acostumbrado no lo tenés y se terminaron los aplausos y las fotos. Y eso también es un tema. En mi caso, me fui preparando para esto porque siempre tuve presente que, en algún momento, iba a dejar de jugar. Y haber estudiado y tener un título, en mi cabeza, me ayudó. A mí no me costó dejar el fútbol porque siempre deseé trabajar en un hospital o un lugar así. Acá hay gente a mi alrededor que hace más de treinta años que está en esto y eso es muy bueno para mí, que recién arranco. Sabía que era una linda oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Yo veo todo el tiempo, en los grupos de WhatsApp de kinesiólogos en los que estoy, que están requiriendo profesionales para entrar a hospitales y clínicas porque se están necesitando. Por un lado, por la cantidad de contagios. Y por otro, porque se enferma la gente que trabaja en la salud. Entonces, si bien tenía contrato hasta junio en Laferrere, decidí esperar. Pero llegando al final de junio y sabiendo que el fútbol no iba a volver, surgió esto. Me llamaron para ser refuerzo del Hospital Fernández y ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una.

    IF: ¿Cómo se vive la pandemia dentro de un hospital, del otro lado del mostrador y con la realidad cara a cara?

    CM: La situación, acá, muestra que hay bastante ocupación de camas. Pero yo sabía dónde me iba a meter y lo que iba a ver. No tengo miedo, pero sí responsabilidad. Tengo compromiso a la hora de trabajar. Cuando arranqué, no sé si era por miedo o inexperiencia, pero trataba de hacer muy bien todo lo relacionado a los cuidados. Cómo tenía que vestirme antes de ver a un paciente y cómo desvestirme, porque eso también es un tema. De qué forma ponerte y sacarte los elementos de seguridad y cómo sacártelos para que no te quede nada y que después, sin querer, te toques la cara, un ojo, la boca o la nariz. Pero entre nosotros, acá en el hospital, nos cuidamos un montón. Miedo no tengo, pero sí respeto. La enfermedad existe y complica muchísimo a las personas que la padecen. Yo lo vi.

    Cristian Moyano, de colgar los guantes a su rol en la rehabilitación de pacientes recuperados de COVID-19 - el1digital.com.ar
    Imagen: El1digital.com.ar

    IF: ¿Cómo es tu trabajo de kinesiología en la atención a pacientes con coronavirus?

    CM: Nosotros vemos pacientes post Covid, que bajan de terapia intensiva y de haber estado conectados con un tubo de ventilación mecánica que utilizan para respirar. Están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir y muchos bajan con traqueotomía. Nosotros realizamos una evaluación de fuerza, tronco y movilidad. Tomamos un índice en el que, con preguntas al paciente, revisamos si se puede cambiar solo, si puede comer y si puede ir al baño. Con eso extraemos un parámetro de cómo está el paciente para iniciar la rehabilitación. Y a partir de ahí, comenzamos trabajos de ejercitación, de fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. Con la idea de que esa persona pueda desempeñarse independientemente como lo hacía antes de caer en terapia. Al principio, cuando baja el paciente, hay algunos que no saben dónde están ni qué día es. Hay otros que bajan bien y hay otros que tienen una patología de base y les cuesta mucho más. El coronavirus ataca a los pulmones y a esos pacientes que tienen afecciones con antecedentes les cuesta mucho. A la hora de sentarse, hay gente a la que le falta el aire y reciben oxígeno a través de una cánula nasal que te piden que se la pongas. Pero tratamos de ir de a poco y sacarles un poquito de ese oxígeno para que no se hagan dependientes y puedan volver a respirar por sus propios medios.

    IF: Sin haber sido futbolista, ¿hubieras sido kinesiólogo?

    CM: Sé que hubiera estudiado algo. No sé qué, pero seguramente me hubiese ido a Rosario, porque en mi pueblo todos se van a estudiar a Rosario. No sé si hubiera sido kinesiólogo, pero sí sé que hubiera estudiado. De eso estoy seguro. Nunca se sabe lo que va a pasar en la vida, pero hay que buscarlo. Si uno se queda sentado, nadie va a venir a preguntarte si querés hacer esto o ser aquello. Hay que buscarlo. El camino de la vida me trajo hasta acá y por algo se dan las cosas. Por algo me costó mucho estudiar y jugar. Hoy tengo la posibilidad de trabajar en el hospital y, más allá de toda esta situación, lo disfruto mucho y estoy contento. 

    IF: ¿Qué te genera más orgullo? ¿Haber logrado vivir del fútbol o encontrarte hoy, por segunda vez, viviendo de tu profesión para atajarle los pelotazos a la pandemia?

    CM: Me siento orgulloso porque mientras jugué al fútbol estudié y me preparé para el día de mañana. Me genera orgullo que se me haya prendido la luz para estudiar en ese momento, porque no sabía cuánto tiempo más iba a jugar ni cuándo iba a conseguir club. Y tenía que aprovechar la posibilidad de tener un sueldo que me permitía vivir y pagar la facultad. Creo que parte desde ahí. Y ahora, después de haberme recibido, estoy orgulloso de eso. De que mientras jugué, pude estudiar. Fue dificilísimo. Y no hubiese sido posible sin el apoyo de mi novia, que era la que se bancaba verme estudiar todos los días y los fines de semana. Estoy haciendo algo para lo cual me preparé y me gusta. Y atrás de eso vino esto de que, por ejemplo, me hagan una nota y no por el fútbol, sino por lo que hago ahora.

    EL DÍA QUE FUE ELEGIDO COMO FIGURA, CON CAÑUELAS Y POR COPA ARGENTINA, FRENTE A ROSARIO CENTRAL:

  • La llegada del TAD: el Tribunal Arbitral del Deporte

    La llegada del TAD: el Tribunal Arbitral del Deporte

    Interior Futbolero dialogó con miembros de la entidad que se está asentando en defensa de los derechos del deporte y la agilización de sus trámites.

         Por Rita Moresco

    Las diferencias, bajo muchos puntos de vista, que existen entre los diferentes clubes, sobre todo en los del interior, siempre existió. La realidad es que la posesión del capital que cada uno tiene, o con el que cada club cuenta, gira en torno a un todo.

    Hay clubes muy humildes, que no tienen ni siquiera un terreno en el cual poder inaugurar una cancha para jugar al fútbol, sus jugadores no tienen donde practicar. Otros están creciendo poco a poco con la ayuda de algunos que conservan sentimientos hacia el mismo, y trabajan día a día para colaborar. Otros en cambio, han tenido otro recorrido y hasta han logrado llegar a lo más alto del fútbol argentino, con la posibilidad de negociar a sus jugadores con clubes del exterior, pudiendo así obtener ingresos con los cuales invertir.

    La presentación de conflictos, es inevitable. Los desacuerdos, la falta de autoridad, las injusticias y otros tantos problemas surgen en todas las asociaciones, habiendo muchos factores en juego, entre ellos lo económico. La resolución de los mismos es un proceso que varía en cuanto a la gravedad del asunto, pudiendo llevar muchos o pocos años.

    Tres de los miembros que integran el TAD, nos brindaron su tiempo para detallarnos acerca de que trata esta entidad. Una de ellas es la Doctora Miriam Peral quien, amablemente nos otorgó detalles acerca del funcionamiento: “El tribunal Arbitral de Deportes es un espacio de resolución de conflictos alternativo, para cuestiones de deportes. Funciona de manera autónoma independiente, fue creado en el 2014 por ALADE (Asociación Latinoamericana del Derecho del Deporte) que surgió ante la necesidad de una resolución rápida y acceso a la justicia para todos, así crean este tribunal inscribiendo en la IGJ el reglamento”.

    “Estamos funcionando como consejo arbitral desde hace un año y medio, está conformado por Tristán Álvarez, por Daniel Peralta y por mi, Miriam Peral”, añadió.

    “Tenemos la secretaría general que está conformada por tres personas, que es la parte administrativa: redes, comunicación y prensa. Y  el listado de árbitros que son todos abogados especializados en derecho deportivo con especificidad, muchos cursos y capacitaciones, que le generamos semanalmente. El tribunal funciona de manera online para toda la Argentina, el procedimiento está en el reglamento, en nuestra página: Se hace una demanda con todas las pruebas, lo más importante es que las partes tienen que tener el acuerdo de someterse al arbitraje, tiene que estar la cláusula arbitral que puede ser de manera directa a través de un contrato donde dice que ante un conflicto se van a someter al tribunal, o de manera indirecta como por ejemplo cuando hay una cláusula de arbitraje dentro de un estatuto o un reglamento de una federación, asociación civil que se dedique al deporte, o si no está estipulado en ningún lado, pueden venir a resolver el conflicto en el tribunal y nosotros tenemos que lograr el acuerdo arbitral. Sin acuerdo el procedimiento no funciona”.

    Y destaca: “Lo que sí es muy importante es que tenemos el proceso ordinario que tarda tres meses en tener un laudo, siempre hay excepciones que hagan que se tenga que extender el plazo, pero lo normal son tres meses. El proceso abreviado que es quince días eso es lo estipulado en el reglamento que obviamente puede tener otro plazo. Después está la consulta, es lo que solicita una arte de manera unilateral para tener un dictamen. Un dictamen es una opinión de un experto quien resuelve el conflicto pero lo podes utilizar para una negociación, para generar una jurisprudencia con respecto a una materia o cuestión”.

    ¿Qué tipo de asuntos pueden ser llevados a esta entidad?

    “Las cuestiones que pueden ser sometidas al arbitraje deportivo son muchísimas, porque cualquier conflicto dentro del ámbito deportivo puede venir al tribunal arbitral. Tenemos una ley de derechos de formación desde hace dos años que muy pocos la conocen pero que existe y favorece mucho a los clubes chicos. Cuestiones laborales, federadas, todo se puede someter al tribunal arbitral”, responde y aclara: “Y nosotros vamos a tener a los árbitros especializados en el tema, en la materia para resolverlo de la mejor manera posible y siempre respetando las garantías y los derechos constitucionales y convencionales”.

    Por otro lado, el Doctor Gustavo Dellepiane, abogado, mediador oficial de la provincia de Santa Fe y árbitro del TAD expresó lo suyo desde su vínculo con el fútbol, como ex jugador y ex director técnico…

    “El vínculo que tengo con el fútbol es una cuestión oficial y emocional. El objetivo es que en lugar de recurrir a un tribunal que te lleva mucho dinero, muchos años, mucha burocracia para resolver un conflicto que vos tenés, recurras a un tribunal arbitral”.

    ¿Qué ventajas se presentan al acudir al Tribunal?

    “Tiene infinidad de ventajas, un proceso que puede durar diez años, con el TAD dura seis meses, incluso vos podes vos elegir el árbitro”.

    “Lo importante es que se encarga de cualquier conflicto, porque hay veces que en el fútbol profesional como los técnicos de Primera A y no los del interior del país, hay muchas diferencias, ¿y qué pasa?, no tienen defensa los pobres, o donde el deporte no es rentado”, añade.

    El “Zoom” es una herramienta que aparantemente, llegó para quedarse y facilitar muchos trámites… “Ahora con el surgimiento de la modalidad del zoom, la creación de esta entidad acarrea más ventajas. El medio electrónico lo que permite es esto, la posibilidad que acceda a la justicia un persona que viva a miles de kilómetros”.

    “Permite la posibilidad de acceso a una justicia con mínimos requisitos y costos. Todo lo que tiene que ver con el fútbol ha cambiado muchísimo en los últimos 20 años, en los últimos 10 y te diría que muchos más en los últimos 5. Se ha inventado el derecho de concepto de formación que cuando yo jugaba no existía. Hoy existe la posibilidad de que un club chico que no tiene ni pelota, pueda acceder a reclamarle a un club grande si formó a un jugador que llegó a firmar contrato”.

    Sebastián Zampa, presidente del Instituto de Arbitraje del Colegio de Abogados de la ciudad de Rosario y miembro del TAD dio su punto de vista: “Que se cree este tribunal acá en Rosario es un gran aliciente y un avance notorio”.

    Destacando detalles y diferencias para aquellos que no conocen la creación de esta entidad, aclaró: “Es conveniente distinguir el arbitraje futbolístico (ese que se da dentro de la cancha, con el referee que corre detrás de la pelota y resuelve equitativamente las diferencias) del Arbitraje de Derecho del Deporte. En este último, una institución llamada Tribunal Arbitral, resuelve las diferencias que se dan en el ámbito macro del deporte (generalmente cuestiones contractuales, económicas, entre clubes y jugadores o entre dos clubes) y que funciona siempre cuando las partes lo hayan elegido con anticipación”.

    ¿Qué requisitos se deben dar para que el Tribunal pueda resolver un conflicto?

    “Para que el Tribunal pueda entender y resolver un conflicto, tiene que haber sido elegido mediante la colocación de una cláusula contractual ya sea en un estatuto de una federación de clubes, en el estatuto de un club, o en un contrato entre club-jugador, club-representante, club-club o representante-jugador, entre otras muchas posibilidades. En el caso de los clubes que forman parte de una federación, si se incluye la cláusula en los estatutos de esa federación, todos los conflictos que se susciten en el marco de dicho estatuto tienen que resolverse en el Tribunal Arbitral y no pueden resolverse en otro lugar”.

    Y agregó: “El alcance que el Tribunal tendrá, dependerá de las cláusulas que le dio origen. Por ejemplo, si en un estatuto federativo entre clubes se establece que las decisiones del órgano disciplinario son apelables al TAD, cualquier decisión del órgano puede ser apelada por un sancionado e ir a que el TAD diga la última palabra”.

    “Esa es la idea con el tribunal arbitral, se trata de distribuír los ingresos y egresos de manera tal de no dejar afuera a personas que más lo necesitan”, sentenció haciendo referencia a las diferencias mencionadas previamente por sus colegas y culminó diciendo: “La idea es otorgar un servicio homogéneo, que sea todo por igual”.

    La realidad es que éstas distinciones entre clases sociales se dan siempre. El dinero, la mayor cantidad de las veces, facilita mucho y más aún en un ambiente donde las sumas de capital son muy elevadas, a lo que también se suma la corrupción que se hace presente día tras día.

    Las expectativas son muchas y hay un solo objetivo: poder agilizar los trámites de los conflictos que se presenten de la manera más accesible y rápida posible.

  • Gran movida solidaria de Franco Sosa para ayudar a un nene en Tucumán

    Gran movida solidaria de Franco Sosa para ayudar a un nene en Tucumán

    El tucumano ex Racing de Avellaneda le regaló a Isaac, un pequeño de siete años, la silla de ruedas que necesitaba y que su familia no podía comprar. En un gesto digno de imitar, el ex futbolista consiguió los recursos necesarios para brindar su ayuda ante el pedido de los padres del niño. 

    Un dirigente del club Deportivo Llorens de Tucumán difundió en sus redes sociales la historia de Isaac junto a Franco Sosa, el ex futbolista que supo vestir las camisetas de Racing de Avellaneda, Juventud Antoniana de Salta, Gimnasia de Jujuy y Concepción de Tucumán, y que además fue jugador DT y presidente en Ñuñorco, otro club tucumano. El nene, que tiene siete años, necesitaba una silla de ruedas para sobrellevar mejor una afección física, pero su familia no podía comprarla debido a su elevado costo.

    Fue entonces que sus papás se pusieron en contacto con Franco, quien no dudó y aportó su colaboración inmediatamente. Como en una cadena solidaria, el ex Racing se comunicó con dirigentes de la Academia para solicitar el aporte del club. Así, desde Avellaneda enviaron la silla hasta el club Deportivo Llorens, en Tucumán, y allí Sosa la retiró para entregársela personalmente al pequeño Isaac.

    «Lo de la gente de Racing, para aplaudir; lo de Franco Sosa, para imitar» escribió en su cuenta de Facebook Walter Sánchez, el dirigente de Deportivo Llorens que dio a conocer la historia. La publicación está acompañada de varias fotos en las que se puede ver a Franco Sosa junto a un sonriente Isaac y de un video del niño con su nuevo medio de movilidad.

    Excelente gesto de Sosa, alguien que supo llegar a lo más alto del fútbol argentino pero que demuestra no olvidarse de sus raíces tucumanas y estar siempre al pie para dar una mano.