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  • Santamarina y sus «vientos de cambio»

    Santamarina y sus «vientos de cambio»

    Mientras el país se debate entre el déficit cero y la inflación en baja, los clubes del interior hacen malabares para seguir existiendo.
    Lejos de grandes masas sociales que los puedan mantener a partir del aporte de una cuota, los clubes del interior navegan un mar de incertidumbre en medio de políticas que se alejan del deporte y recursos que escasean cada día un poco más.
    El club Ramón Santamarina, con más de 100 años de historia y siendo un pilar fundamental de la construcción de la ciudad y el crecimiento de la misma a partir de la función social y deportiva que fue generando, principalmente en sus primero 50 años de vida, transita hoy un nuevo camino de recuperación luego de una muy mala administración.
    Fue una de las instituciones más importantes de la ciudad, su estadio de Roca y Belgrano, su predio de Quinta Belén y la sede en calle Irigoyen, hicieron que en infraestructura sea el más grande, elogio que también pudo trasladarse al ámbito deportivo del fútbol.
    La historia trágica de la derrota institucional Santamarinista, tiene responsables propios y ajenos pero lejos de ir en búsqueda de recordar la historia triste y oscura que llevó a la quiebra, esta vez hay buenas noticias, para que las nuevas generaciones y también los viejos hinchas puedan compartir y por qué no, disfrutar.

    Los últimos tiempos de la institución han sido movidos, turbulentos económicamente hablando y han mostrado a una dirigencia que no logró, por impericia, estar a la altura de las circunstancias.
    Más allá de eso, el momento delicadísimo que vivió y vive aún la institución, mostró que en el mundo dirigencial “aurinegro”, hay quienes no pueden convivir en beneficio de la institución.
    Las idas y vueltas en la previa a la asamblea del mes de diciembre, dejaron en claro que hubo grupos que quisieron tomar las riendas del club pero que no conciben una alianza entre todos para beneficiar a Santamarina.
    Así las cosas, la figura de uno de los que no saltó del barco y se quedó a tratar de revertir la situación fue la de, Diego Puisant. Dirigente que había sido colaborador de la anterior gestión y hombre ampliamente reconocido en el mundo “aurinegro”.
    Su gestión en pocos días, logró rearmar una comisión destruida y poner en funcionamiento el plan de recuperación institucional que se viene llevando adelante y que va “viento en popa”.
    Para eso debió encontrar socios que mantengan el mismo compromiso y ahí es donde se centraba el problema más grande.
    Aquellos que querían comandar al club, demostraron que la institución no les importa demasiado al punto que no participaron de la asamblea, se alejaron y decidieron no apoyar.

    En cambio y por suerte para el Club Santamarina, figuras nuevas emergieron para acompañar a Puisant y tratar de enderezar el barco para que continúe navegando.
    Sangre nueva y joven se ha sumado a la institución con ganas de hacer. La recuperación de un club casi en bancarrota ha comenzado.
    Esto se logra mediante una gestión dirigencial activa, el apoyo de programas municipales o provinciales, y la participación comunitaria para reconstruir infraestructura y sumar socios.
    Y detrás de eso va la nueva dirigencia aurinegra, demostrando que con trabajo intenso, es posible reactivar instalaciones, campos de juego destruidos y recuperar la vida social en poco tiempo.

    Hacedores del cambio

    Cuando uno ingresa al predio “Centenario”, hoy en día, se encuentra con un espacio renovado al que se le ha cambiado definitivamente la cara que mostraba a finales del 2025 y en medio de la incertidumbre dirigencial. Lejos ha quedado esa imagen de abandono que preocupaba y hacía pensar que los días volvían a tornarse oscuros para el mundo “Santamarina».
    Sin embargo eso cambió y hay varios responsables que han contribuido al pujante momento que se vive hoy.
    Caminando a un costado de la cancha principal nos encontramos con el presidente Diego Puisant y uno de los vice presidentes actuales, Alejandro Cabrera, hombre nuevo para la dirigencia y para el mundo Santamarina, quien desde hace años, venía acompañando pero como hincha y desde la tribuna.

    Herencia

    A la hora de hablar del significativo cambio que le han dado al predio, Puisant comentó: “Tuvimos un proceso de acomodamiento dirigencial, las continuas renuncias de presidentes nos desequilibraron desde el punto de vista político del club y por supuesto económico. En ese momento el predio sufrió esas consecuencias y la verdad la imagen fue fea, dura, Sin embargo ni bien reconstruimos la comisión nos pusimos a trabajar y comenzamos a devolverle a nuestro predio la vida que merece. Sin dudas más allá de las condiciones de nuestro lugar de entrenamiento y desarrollo de actividades del fútbol local, lo más complicado de la herencia fueron los más de 120 millones de deuda con la que nos encontramos para afrontar, En ese sentido lo más importante era el compromiso que debíamos cumplir con los jugadores del plantel profesional y por suerte hemos pagado casi la totalidad de la deuda, hemos bajado mucho el resto de lo que se debía y a pesar de muchos agoreros que vaticinaban que no podríamos jugar el torneo Federal, nuestro compromiso con el pueblo futbolero aurinegro nos ha motivado a buscar los recursos para armar un plantel a la altura de la circunstancias”.

    El dirigente, Alejandro Cabrera admitió sentirse muy motivado y comprometido de acompañar a Puisant y, entre otras cosas, señaló: “Le hemos dado un cambio radical al predio, Invitamos a los hinchas ya la gente a dar una vuelta, acompañar, colaborar. Se ha trabajado en la pintura, las luces de la cancha auxiliar, los campos de juego, el sistema de riego y ya tenemos encaminados algunos proyectos que nos entusiasman y mucho”.

    Proyectos a corto plazo

    “En un corto plazo hemos logrado armar un par de proyectos a desarrollar y están bastante avanzados. Tenemos pensado arrancar en breve con el cuarto campo de juego que es algo muy necesario para el club. Por otra parte también es nuestro anhelo poder cerrar el espacio entre vestuarios y dependencias y hacer allí nuestro gimnasio techado. Hoy podemos decir que esa obra ya está presupuestada, tenemos el apoyo de empresas que van a colaborar con materiales y ojalá pueda ser realidad en poco tiempo. Será, sin dudas la obra inicial de varias más que tenemos en mente”, anticipó Cabrera.

    Los pibes al torneo de AFA

    Si bien es un torneo costoso, la dirigencia aurinegra ha decidido que los jóvenes del club volverán a competir en los torneos organizados por AFA en categorías Sub 15 y Sub 13. El presidente, Diego Puisant, comentó: “Más allá de nuestro compromiso con el Federal A y los torneos de la URD, la decisión de esta comisión es que los chicos sumen experiencia y compitan. Con la llegada de nuestro director deportivo, Christian Daguerre, se ha formalizado una manera de entrenar muy profesional y allí estará centrada la atención de técnicos y profesores buscando lograr lo mejor de cada jugador”.

    El Federal A

    Puisant y Cabrera, junto al director deportivo, Cristian Daguerre, han sido los principales mentores del plantel 2026. En principio la elección de Duilio Botella ha generado una alegría en el hincha de Santamarina. “Para nosotros ha sido un paso fundamental como inicio de este armado. Tener a Duilio es casi garantizarnos que se trabajará con mucha seriedad y mucha expectativa ya que en Santamarina siempre ha tenido buenos resultados. Con respecto al plantel, si bien es austero, estamos convencidos que va a dar pelea y hasta quizá nos sorprendan los muchachos. La zona va a ser muy pareja y por supuesto tenemos mucha fe en nuestro equipo”, puntualizó Puisant.

    Apoyo

    “Sin dudas no tenemos el apoyo que quisiéramos o que necesitamos para afrontar con mayor tranquilidad los desafíos que vienen. Aprovechamos esta nota para pedirle apoyo a todos aquellos que puedan dar una mano, desde los más poderosos a los más humildes, todo sirve. Los que siempre están, seguirán dando una mano que mucho agradecemos. Los hinchas, algunos de ellos acercándose a ofrecer su colaboración, pero la ciudad sin dudas queda en deuda en el apoyo. Por momentos sentimos mucha antipatía con el club más popular de Tandil que a futuro tendrá una función preponderante en un sector de la ciudad que día a día crece al ritmo de las grandes ciudades”, coincidieron ambos dirigentes.

    Fuente: Prensa Santamarina

  • Nadie se salva solo: en cuarentena, los clubes son aún más sociales

    Nadie se salva solo: en cuarentena, los clubes son aún más sociales

    En tiempos de aislamiento social, preventivo y obligatorio, y frente a innumerables adversidades impuestas por la coyuntura, sale a relucir y expresarse el más válido argumento en un debate tan antiguo como todavía presente: ¿clubes sociales o sociedades deportivas? La respuesta, una vez más, le pone el pecho a las necesidades y, en estos momentos, toma forma de ollas populares, salas de terapia, comedores comunitarios, campañas de recolección, concientización y donación. Los clubes lo saben: de la gente vienen y a la gente vuelven. Como siempre, pero hoy más. ¿Qué hay detrás del fútbol en pausa y la aparente inactividad en las instituciones?

    Por Juan Pablo Francia.

    «Sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas o culturales». Esa es, según la Real Academia Española, la definición de club. Y ese mismo concepto, en época de pandemia, bien puede verse resignificado y potenciado. Desde el 19 de marzo, cuando Alberto Fernández anunció el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio, los clubes acataron la medida, pero jamás cerraron sus puertas. La Asociación del Fútbol Argentino determinó la cancelación de las temporadas en cada una de sus divisionales, los planteles profesionales entraron en receso forzoso, la pelota quedó quieta y el fútbol, a un costado. Sin embargo, los clubes, que aunque vivan de los goles no existen sólo por ellos, nunca se alejaron de lo que siempre fueron ni, bajo ninguna circunstancia, podrían dejar de ser: entidades sociales. Se cierran las canchas de fútbol, sí; pero no la segunda casa de muchos y muchas. Entonces, sin actividad futbolística ni ocupación o preocupación por triunfos, derrotas o empates, ¿cuál es el torneo que disputan los clubes durante la cuarentena?

    De acuerdo a un estudio publicado por FIFA, a fines de 2019, la Argentina es el tercer país con más clubes profesionales de fútbol en el mundo. En aquel momento, entre Primera División, Primera Nacional y B Metropolitana, la lista de inscriptos en AFA alcanzaba un total de 103 instituciones, sólo por debajo de Turquía, con 126; e Inglaterra, con 111. En la actualidad, si se contemplan todas las categorías remuneradas -Liga Profesional, Primera Nacional, B Metropolitana, Primera C y Federal A-, la cifra de clubes registrados asciende a 123. En Primera D, marginadas por el amateurismo, asoman otras catorce instituciones. En medio del debate por las alternativas para la reanudación de la actividad, las posibilidades para la vuelta a los entrenamientos y la problemática contractual de los y las futbolistas, más de 120 puertas de clubes, con su espíritu social como llave, se abren de par en par para recibir y albergar a quienes, con la mochila cargada de necesidades y dificultades, puedan precisar ayuda o contención. En diferentes rincones del interior del país y del Área Metropolitana de Buenos Aires, diversas instituciones deportivas, pero también sociales, han buscado, encontrado y ofrecido distintas opciones: desde ollas populares hasta campañas de donación de ropa y alimentos. Con la maquinaria del fútbol en stand by, los cuerpos técnicos y planteles sumergidos en videollamadas y los escritorios dedicados a la elaboración de protocolos repletos de recomendaciones pero carentes de certezas, se habilita el cambio: sale el fútbol y entran a la cancha la solidaridad, el acompañamiento social, el trabajo comunitario y la raíz de ese árbol al que siempre se le mira sólo la copa. Los clubes, más allá de los fines de semana, existen por y para su gente. Y ese, aunque no parezca, es un partido que nunca deja de jugarse. Y en el contexto actual, es una final todos los días.

    En 1998, antes de desembarcar en la política de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para fortalecer su imagen y finalmente dar el salto a la presidencia de la Nación, Mauricio Macri era el hacedor de un meteórico desarrollo cualitativo y cuantitativo en Boca Juniors: crecimiento económico, patrimonial, deportivo y comercial. Tras un intento fallido por aterrizar con sus capitales en Deportivo Español, vía financiación del fútbol, logró proponer su proyecto para que el estatuto de AFA admitiera, además de las entidades civiles sin fines de lucro, la caratula de las SAD: Sociedades Anónimas Deportivas. Macri, durante meses y antes de la realización de la Copa del Mundo de Francia 1998, había perseguido a Julio Humberto Grondona para que le permitiera plantear su iniciativa en el Comité Ejecutivo de Viamonte. Quien fuera mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino durante 35 años, finalmente, le dio el sí y le puso fecha a la reunión: 20 de julio, Día del Amigo. ¿Paradoja? Puede ser. Aquella tarde, tras la exposición del entonces presidente de Boca, en la que fundamentó las razones por las cuales los clubes deberían abandonar las manos de sus socios para pasar a las de algún grupo empresario, las que no encontraron ninguna otra con la cual estrecharse fueron las del propio Macri. El único voto a favor de su idea fue el suyo. Y Grondona, cuenta la historia, le dijo por lo bajo: «Perdimos, Mauricio».

    Antes, en 1981, Amalia Lacroze de Fortabat invirtió para que Loma Negra, el equipo olavarriense homónimo de su empresa cementera, jugara en Primera División: el experimento duró tan sólo un año y su máximo hito fue un amistoso ante la Selección de la Unión Soviética. En 1990, la siderúrgica Siderca puso sus pies en Villa Dálmine, club tradicional de Campana, para cambiarle el nombre y hacer a un costado su historia: su gente no lo permitió y, al tiempo, el Viola volvió a sus raíces. En la temporada 1993/1994, Torneos y Competencias, por entonces propietaria de los derechos televisivos del fútbol, se hizo con el gerenciamiento de un maltrecho Argentinos Juniors y, aunque suene increíble, lo llevó a jugar de local en Mendoza, a más de 900 kilómetros de La Paternal. También en 1994, Eduardo Seferian, propietario de la empresa textil Tipoití y fundador y primer presidente de Deportivo Mandiyú de Corrientes, le entregó los destinos del club a Roberto Cruz, en aquel momento diputado nacional y director del Ceamse. El flamante dueño de la institución pateó el tablero con la contratación de un entrenador que, aunque recién le habían cortado las piernas en el Mundial de Estados Unidos 1994, todavía no se había divorciado de su condición de jugador: Diego Maradona. ¿El resultado final de esa historia? Mandiyú perdió la categoría, por su situación económica tuvo que fusionarse con Huracán de Corrientes para afrontar aquella temporada del Nacional B y, más tarde, el club quebró, desapareció y estuvo inactivo desde 1995 hasta 2010. Los antecedentes de manos privadas en los cajones del patrimonio de los socios y las socias son, tal vez, el mejor método para interpretar y releer las experiencias vividas por los clubes sociales transformados, circunstancialmente, en sociedades deportivas. Los y las hinchas de Racing de Avellaneda, quizá, tengan más de un fundamento para explicar la importancia de ser eso que rezaba la frase en la camiseta de la Academia, allá por 2015, tras el corrosivo manejo de Blanquiceleste S.A.: «Dueños de una pasión».

    Es cierto que los clubes, para ayudar, también necesitan ayuda. Ferro Carril Oeste fue el primero en solicitarle asistencia al Estado, que no miró para otro lado y, al igual que las instituciones sociales en este escenario adverso, dijo presente. El programa Repro –Programa de Recuperación Productiva-, inicialmente orientado al apoyo económico a Pymes, aceptó el pedido de aquellos clubes que siguieron la línea del Verdolaga de Caballito. Además, Matías Lammens, a través del Ministerio de Turismo y Deporte, lanzó el programa Clubes en Obra, destinado a mejorar la infraestructura de diversas instituciones deportivas y sociales de todo el país mediante una inversión cercana a los 500 millones de pesos. Esto se sumó a la iniciativa RED –Recuperación de Entidades Deportivas-, llevada adelante por la Secretaria de Deportes de la Nación: un esquema de subsidios de hasta 60 mil pesos al cual ya accedieron más de dos mil clubes de barrio. «Todos los argentinos y argentinas sabemos la importancia que tienen los clubes y el rol que desempeñan», aclaró Lammens al momento de anunciar estas medidas. Pero ¿realmente lo sabemos? Por si acaso, nunca está de más recordarlo.

    El aislamiento social, preventivo y obligatorio, de una forma u otra, le dio reinició a un partido que nunca termina y a un torneo del cual los clubes siempre participan: ese en el que se pone en juego el valor y significado de la palabra que muchos, casi todos, llevan entre las iniciales de sus escudos. Chaco For Ever, Alianza de Cutral Có, Sol de Mayo, Camioneros, Estudiantes de Río Cuarto, Belgrano, Talleres e Instituto de Córdoba, Juventud Unida y Estudiantes de San Luis, Olimpo de Bahía Blanca, Sportivo Las Parejas, Almirante Brown de Lules y Guillermo Brown de Puerto Madryn son sólo algunas de las instituciones que, a lo largo y ancho del país, salieron a mostrar y demostrar de qué se trata eso de ser sociales, además de clubes. Talleres de Remedios de Escalada, All Boys, Argentinos Juniors, Vélez, Ferro Carril Oeste, Nueva Chicago, Dock Sud, Lanús, Gimnasia y Esgrima La Plata, Villa San Carlos, Cambaceres y muchos otros, en Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, también se pusieron la camiseta social, que no es la misma que utilizan las sociedades.

    El coronavirus vino a llevarse puesto el fútbol, pero trajo algo mucho más valioso que tres puntos o una clasificación a una copa. Ganar el partido social representa, en el torneo de la identidad y la importancia de los clubes en la sociedad, la posibilidad de dejar de manifiesto, una vez más, que los clubes son sociales, por y para la sociedad, y no sociedades para unos pocos. Porque, en época de pandemia y aunque no ruede la pelota, los clubes juegan el campeonato que jamás dejan de jugar y para el que, en esencia, fueron fundados: ser sociales. Y ahora, en cuarentena, aún más.

  • En suspenso

    En suspenso

    La continuidad de Carlos Padin, el dt que llevó a Boxing Club de Río Gallegos al Federal B desde el TDI ,aun no está definida.

     

    El club albiverde empezará desde febrero la organización de los que será su 2015, el pasado año fue importante para el club ya que significó su vuelta a los torneos federales a pesar de varias adversidades ,como el poco tiempo que tuvieron los equipos para prepararse. Además sosteniendo la participación con un plantel de jugadores jóvenes ante equipos con recorrido y figuras fuertes.

    Aunque de la dirigencia existe la intención que Carlos Padin continúe en el cargo,  desde el lado del dt todavía no hay decisión tomada. Habrá que esperar.

     

    Por Maximiliano Rodriguez Bruna (IF Staff)