La futbolista tenía 30 años y jugaba en la Primera División del Club Argentino de Mendoza.
Por Rita Moresco
La violencia machista una vez más es noticia. La ausencia del Estado, la impotencia y el dolor se hacen presentes en un nuevo caso que conmociona al país y al ambiente del fútbol.
Florencia Guiñazú era futbolista, jugaba al rugby, practicaba crossfit, se dedicaba a hacer tatuajes y había obtenido el título de Técnica en Higiene y Seguridad Laboral. Era mamá de dos niños de 5 y 7 años, y el pasado fin de semana había festejado la llegada de sus tres décadas. Una joven con un futuro prometedor que quedó truncado en manos de su pareja, quien la asesinó a golpes y luego se quitó la vida. Florencia lo había denunciado por violencia de género en marzo del año pasado pero la justicia, en noviembre le otorgó la libertad.
«Ni una menos», el lema con el que miles de mujeres nos desplazamos por las calles del país cada 8 de marzo, la frase que se hace presente en cada cartel como la voz de aquellas compañeras que ya no están. Es urgente que todas las mujeres seamos escuchadas en el marco de una sociedad donde abundan los tintes machistas y donde la violencia se sigue cobrando vidas a la vista de los responsables en tomar medidas.
Durante el año 2023, las estadísticas marcaron un total de 332 femicidios y en lo que va del año se han reportado 61 víctimas. Es una situación que desbordó hace años, precisamente en el 2015 con el femicidio de Chiara Páez en la ciudad santafesina de Rufino. Desde aquel entonces, las banderas que exigen respeto, que ruegan no más muertes y el pedido desesperado de aquellas mujeres que están atrapadas en situaciones violentas, flamean hasta el cansancio con la esperanza de transformar esta sociedad y ser oídas por jueces y las autoridades responsables de la problemática.




