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  • Surfear la pandemia: Marplatense, el club que nació en cuarentena

    Surfear la pandemia: Marplatense, el club que nació en cuarentena

    Nombre, escudo, camiseta, colores y comisión directiva. Todo, a distancia, en aislamiento y contra viento y marea. Si el 2020 fuera una playa, el coronavirus bien podría ser la ola gigantesca que la tapó por completo hasta nuevo aviso. Sin embargo, Matías Saldívar, ideólogo y presidente de la primera y única institución fundada en tiempos de cuarentena en la Argentina, puso su sueño y el de quienes lo acompañan sobre la tabla de las videollamadas para, entre una reunión virtual y otra, surfear la pandemia, asomar la mirada y ver más allá. «Lo que nos llevó a crear un nuevo espacio fue querer abrir más puertas», dice el periodista que conduce un programa de fútbol y rock en Mega 90.1 de Mar del Plata y que, desde 2001, tiene y sostiene la intención de edificar un club. Y, con la voz amplificada por el orgullo y la alegría de contar como una realidad lo que supo ser una ilusión, agrega: «Con Marplatense rompimos el paradigma de la fundación tradicional. De lo malo siempre hay que rescatar lo bueno y de lo bueno, construir cosas mejores». Contención social, identidad y anhelos por doquier, en esta charla exclusiva con Interior Futbolero.

    Por Juan Pablo Francia.

    De cafés, bodegones, bares y confiterías. De amigas y amigos, jóvenes entusiastas o abuelos y abuelas. De plazas, veredas, competencias barriales, pequeños torneos convertidos en grandes campeonatos, truco, envido y alguna idea loca que dejó de serlo ni bien puesta en acción. De trabajadoras y trabajadores de una fábrica, un taller, un frigorífico, un puerto o una línea de trenes o colectivos. De necesidad, búsqueda y hallazgo de representación, compañía y pertenencia. De esos y otros tantos factores incontables se componen las historias de los miles de clubes que habitan la Argentina y transmiten, de una generación a otra, sus fotos en blanco y negro, o en sepia. Al menos así fue hasta la irrupción del coronavirus en escena. Y hasta que, desde la tierra de la Playa Bristol, los lobos marinos y la Playa Varese, emergieron los ingredientes que vinieron a innovar la receta por completo y como nunca: WiFi, pixeles, manos libres, altavoz, notebook, celular, Zoom, llamadas en espera y micrófonos activados o muteados. Y sí, una pandemia tan inusitada como hacedora de un innegable punto de inflexión. Aún así, irremplazable y esencial, persiste el elemento que soporta y supera cualquier cambio de época: la ilusión. Esa que, cien años atrás o ahora mismo, fue y es la tabla capaz de surfear la ola más alta, difícil o inimaginable que pueda traer la marea. Y esa misma ilusión con la que Matías Saldívar y quienes conforman la primera comisión directiva del Club Atlético Marplatense hicieron de la distancia, su mejor punto de reunión para empezar a escribir su historia. «Todos los clubes, según nos cuentan, se fundaron en una plaza, jugando a la pelota o en un café. Y nosotros no. Por el aislamiento social, fue mediante charlas en videollamadas. Y el acta fundacional fue un tapabocas», cuenta, entre risas y con la camiseta de su club puesta, el periodista que antes de soñar su institución supo comprometerse con el crecimiento del fútbol femenino en la ciudad que, según sus palabras, es mucho más que vacaciones. «Mar del Plata es linda y tiene vida todo el año, no sólo en el verano y con la playa. Hay mucho talento en materia deportiva y de artistas. Nosotros lo que queremos remarcar es eso, que se instale el nombre Marplatense. Porque es una ciudad con un millón de habitantes, pero todavía falta crear una identidad propia porque viene mucha gente de otros lugares. Y eso es lo que queremos fundamentar, que el marplatense se sienta orgulloso de lo suyo«.

    Interior Futbolero: ¿De qué forma nació la idea que dio origen al Club Atlético Marplatense?

    Matías Saldívar: Era un proyecto que tenía desde hace tiempo. La idea de formar un club para brindarles un nuevo espacio de contención social a los chicos y las chicas que están en la calle mediante el deporte y la cultura. Por diferentes motivos, no se podía desarrollar. Pero este momento de pandemia lo vimos como un envión positivo para poder realizar la fundación del club. Acompañado por mucha gente pudimos hacerlo. Los integrantes de la comisión directiva se embarcaron desde el minuto cero y ayudan desde el inicio en todo.

    IF: ¿Y cómo fueron esas primeras conversaciones para la fundación?

    MS: Rompimos el paradigma de la fundación tradicional con Marplatense. Porque todos los clubes se fundaron en una plaza, jugando a la pelota o en un café. Y acá no. Por el tema del aislamiento social, fue en charlas mediante videollamadas. Y el acta fundacional fue un tapabocas. Fueron complicadas las videollamadas porque, con el vicepresidente del club, teníamos bastante encaminado todo. Pero cuando empezamos a sumar miembros, nos decían que estábamos aburridos en cuarentena y cómo pretendíamos fundar un club. La mayoría de los artículos sobre deporte, en Mar del Plata, tratan de que los clubes se están fundiendo por falta de recursos. Y nos preguntaban cómo pensábamos salir con esto en ese contexto. Después, cuando mostramos los fundamentos y proyectos, vieron que no éramos ningún chiste y por suerte decidieron acompañarnos. Venimos muy entusiasmados, pero todavía no pudimos concretar ninguna reunión presencial con la comisión directiva. Estamos ansiosos para que llegue ese momento y, al menos y con el distanciamiento, poder conocernos la cara. Estamos marcando la historia porque en pleno siglo 21, donde casi todo es virtual, nuestro nacimiento también lo fue.

    IF: ¿Y cuáles son esos fundamentos que ayudaron a reunir las voluntades para que el nacimiento sea posible?

    MS: Tenemos como fundamentos competir en los máximos deportes marplatenses. Contamos con un profesor de boxeo, una de patín, un profe de básquet y una profesora de hockey. El proyecto fundacional se basó en el fútbol femenino y en la cuestión de género y cultural. Y la gente que nos acompaña está muy salpicada e involucrada en lo social. Pero la idea del club, más allá de jugar al fútbol o competir en torneos de otros deportes, para mí es que la gente grande esté en la confitería y sus chicos, hijos, hijas, nietos y nietas estén haciendo otra actividad. Estar en el club es no estar en la calle, ese es el concepto que tenemos. La vida social es lo fundamental. Después, lo deportivo acompaña y es un pilar importante en la estructura. Pero lo social y cultural es lo que queremos remarcar y hacer valer. Eso fue lo que más los entusiasmó. Porque si partimos de la base de fundar un club meramente futbolístico, ya hay muchos y cada integrante de comisión directiva pertenecía a uno. Aún así, estamos muy ansiosos por poder hacer pruebas y demás, pero primero queremos tener la personería jurídica porque, por ejemplo, de esa forma podríamos contratar un seguro médico para garantizar la seguridad de los planteles. Tenemos un complejo deportivo, el cual le agradezco al vicepresidente del club Juan Carlos Raiteri, en el que la idea es realizar un torneo nacional y que las delegaciones puedan alojarse en ese mismo predio. Ahí contamos con canchas de futsal, vóley y handball. Está en la zona de Parque Camet y, a unas cuadras, contamos con otro complejo de canchas de fútbol de siete, nueve y once.

    IF: ¿En qué momento identificaste que aquella idea de crear un club podía hacerse realidad?

    MS: En 2001. En plena crisis, yo venía jugando al fútbol en el club Independiente de Mar del Plata y esa situación nos llevó a muchos a dejar de jugar por lo económico. Muchos tuvimos que buscar otros horizontes. Chicos y chicas quedaron en la calle. Ese fue un momento determinante para preguntarme por qué no podemos hacer un club nosotros mismos. Hay 32 instituciones en Mar del Plata. Pero ¿por qué no nosotros? Venimos del ambiente social, cultural y futbolero. Y buscamos eso, crear un nuevo espacio para que los y las deportistas y artistas tengan un nuevo lugar para desarrollar sus actividades. Lo que nos llevó a crear un nuevo espacio fue querer abrir puertas. La mayoría de los clubes viven el fútbol, el básquet y el patín, que son actividades muy importantes en Mar del Plata. Nosotros, obviamente, también somos futboleros y futboleras. Y buscamos afiliarnos a la Liga Marplatense, pero el presidente ya nos dio el visto bueno para competir en el femenino y en futsal. En el masculino nos dijo que está más complicado porque ya no están afiliando clubes nuevos. Pero gracias a las instalaciones con las que contamos, ya tenemos el lugar para llevar a cabo esos proyectos que tenemos en mente.

    IF: Visto con ojos de hoy, ¿cuán difícil fue hacer posible la fundación en plena cuarentena?

    MS: El domingo 23 de agosto fue la fecha exacta de fundación. Pero fue complicado. En un momento, había imaginado que fundar el club iba a ser un poco más sencillo. Cuando te metés, ves las dificultades del camino. Por suerte, hay gente ayudándonos con los trámites de la personería jurídica para poder darle vida institucional al club en el marco legal que corresponde. Mediante la personería jurídica, podemos afiliarnos a distintas asociaciones oficiales en el ámbito de Mar del Plata. Somos uno de los clubes que va contra la corriente. Porque la mayoría, por no decir todos, se fundaron por el fútbol masculino o el deporte masculino. Y Marplatense se fundó con el fútbol femenino, porque el primer plantel que tenemos conformado es el superior de fútbol femenino. Con toda la estructura de la actividad, la coordinadora y los cuerpos técnicos. Así que, si bien fue difícil, venimos contra la corriente para romper ese paradigma.

    IF: ¿Cuál es tu vínculo y el de Marplatense con el fútbol femenino?

    MS: Soy futbolero, he jugado al fútbol y estoy involucrado con el fútbol femenino hace tiempo. Desde 2013 tengo un programa de radio en Mega 90.1 y, desde entonces, difundimos el fútbol femenino. Hemos llevado los primeros planteles de competencia oficial a la radio y siempre le hemos dado lugar. En 2015, me autorizaron para fundar el fútbol femenino en Aldosivi y en 2019 lo hicimos en Mitre. Ahí me dieron el cargo de coordinador de la actividad. Y este parate también nos motivó a crear un nuevo espacio para que todas las chicas que queden sin club puedan tener otra alternativa.

    IF: ¿Y cómo se resolvió el debate por el nombre, los colores y el escudo? ¿A qué se deben?

    MS: La idea del nombre del club se debió a que estamos muy orgullosos de ser marplatenses y queremos darle a la gente de la ciudad, en homenaje, un club que tenga su nombre y los identifique. Justamente, elegir el barco pesquero en el escudo fue también por un símbolo de la cultura del trabajo y una tradición que en Mar del Plata está muy arraigada. No sólo en la pesca, sino en cualquier espacio de trabajo, sacrificio y constancia. Y eso también es lo que queremos remarcar. Que sea un orgullo para la gente de Mar del Plata contar con un club que se llame Marplatense. El escudo es un triángulo levemente redondeado, con una lanchita pesquera amarilla en la parte superior izquierda, por el tradicional barco pesquero de la ciudad de Mar del Plata, con un sol naciente como simbolismo de buenos augurios y prosperidad, que está dividido en forma diagonal por una bandera argentina. Y en la parte inferior derecha tiene tres rayas verticales azules y dos amarillas. Y los colores vienen del amarillo, por el sol y la lanchita pesquera; y del azul, por el cielo y el mar. Pero hay otra versión de algunos miembros de comisión directiva que dicen que el amarillo es por Aldosivi y el azul por Alvarado, como Arsenal de Sarandí, que tiene sus colores en referencia a los más importantes clubes de Avellaneda. Ya hemos hecho el lanzamiento de las camisetas y mucha gente las compró. Eso nos puso muy contentos.

    IF: Mencionaste a Aldosivi y Alvarado, ¿ya te imaginás algún clásico dentro de la ciudad?

    MS: Ya con nuestro nombre, el que se nos tire en contra muy marplatense no va a ser. Tendríamos que tener un clásico zonal. Pero con la actividad va a surgir. Por el momento no me juego a elegir ningún clásico porque, por suerte, recibimos muy buena onda de todos. El primer club de la ciudad, que es Club Atlético Mar del Plata, nos escribió por Instagram deseándonos felicitaciones y eso, para nosotros, es un honor. Mar del Plata, fundado en 1906, es el decano de la ciudad. Y que nos salude nos pareció un orgullo. También hemos recibido saludos del presidente de Alvarado y muchos otros.

    IF: La fundación fue un sueño y se cumplió. Ahora, ¿cuál es el que sigue para Marplatense?

    MS: La camiseta, el escudo y la gente que acompaña ya componen un sueño cumplido. Es una maravilla poder hablar de Marplatense. Hay clubes que están muy encumbrados en la ciudad. Y que se hable de Marplatense ya es un sueño. Pero otro de los principales anhelos es tener los papeles en regla para poder empezar a darle su vida institucional al club, con la personería jurídica, y poder meternos de lleno en una convocatoria de futbolistas y deportistas. Porque hay muchas chicas y muchos chicos que se quieren sumar y todavía no lo podemos hacer. Queremos, primero, tener en orden todo lo legal. Y después, meternos en la Liga Marplatense de Fútbol y abarcar otras actividades oficiales como básquet, patín y boxeo. Lograr actividades y sacar a los chicos de la calle mediante el deporte es uno de nuestros sueños fundamentales.

    IF: ¿Qué significa Mar del Plata para alguien que soñó e hizo realidad el Club Atlético Marplatense?

    MS: Para mí Mar del Plata representa todo. Nací y viví siempre acá. He viajado y he tenido la oportunidad de conocer otras ciudades, pero me parece que Mar del Plata es hermosa. Tanto natural como socialmente. Porque Mar del Plata es linda todo el año, no sólo en el verano y con la playa. Tiene vida todo el año. Hay artistas marplatenses que tienen muchísimo talento y a veces no tienen su espacio para poder desarrollar su arte. Y hay mucho talento, también, en materia deportiva. Nosotros lo que queremos remarcar es eso, que se instale el nombre Marplatense. Después, ojalá la institución logre trascender a niveles nacionales en un Federal A o una Primera Nacional. Pero queremos instalar el nombre y crear esa identidad marplatense. Es una ciudad con un millón de habitantes, pero todavía falta crear una identidad propia porque viene mucha gente de otros lugares. En la década del 70, teníamos el estadio San Martín, donde ahora hay un supermercado, y se llenaba cuando se jugaba la liga local. Ahí jugó Pelé, hizo goles Maradona y los torneos de verano nacieron en ese estadio. Y ahora pasás y hay un supermercado. Yo me siento orgulloso de la ciudad y del club que fundamos. Entonces lo que queremos es remarcar eso, que hay que cuidar lo nuestro. Podríamos decir que somos militantes de Mar del Plata.

  • Yari Gurnel: «Es difícil pensar que todos podamos volver»

    Yari Gurnel: «Es difícil pensar que todos podamos volver»

    El vicepresidente del Depro estuvo en comunicación con Interior Futbolero Radio y nos habló acerca de la situación del equipo en este difícil contexto.

     

    Demás está decir que abundan las ganas de volver a entrenar, a competir y sumar puntos como a comienzos de año, pero la realidad es que la aparición de la pandemia nos mantiene en un terreno colmado de incertidumbre y sin poder de decisión.

    «Se bajaron las expectativas dado que en un comienzo se atrasó el inicio de los entrenamientos para la fecha que teníamos prevista, algo que me parece lógico dado a la situación actual como estamos con la cantidad de casos diarios que tenemos en el país y nosotros también en nuestra provincia», comenzó diciendo Gurnel y continuó: «Involucra al Federal A, a gran parte de la provincia… hay distintas realidades, algunas complejas otra no tanto».

    «Es difícil pensar que todos podamos volver«, añade coincidiendo con los pensamientos de la gran mayoría debido a las olas de contagios que todos los días es noticia.

    Respecto al contexto, la AFA hizo público su comunicado en el que expresó el desarrollo del torneo de noviembre a enero si la pandemia lo permite, y aún sigue en disputa el formato en el que se puede llegar a dar. La realidad es que no todos los equipos están en las mismas condiciones bajo muchos puntos de vista, por ello le preguntamos si el club entrerriano está en condiciones de jugar si llega a haber una próxima solución…

    «Si se define que se va a jugar activaremos todo muy rápidamente porque esto de no tener plantel es una realidad que nos toca a todos los equipos de la categoría o a gran parte, en el sentido de que el 30 de junio finalizaron la mayoría de los contratos. Si nosotros comenzaríamos a entrenar podríamos conformar rápidamente un plantel», respondió con seguridad.

    Ser realistas más allá de los objetivos que estén presentes: «Por ahí no tiene sentido volver a entrenar, llevar adelante todos los protocolos, sería un gasto económico si no tenemos una probable fecha de vuelta o probable formato de torneo», agregó.

    Lo cierto es que el Torneo Federal A fue pausado seis meses atrás con siete fechas por jugar en la fase regular, dejando a los equipos sin respuesta hasta el día de la fecha porque no se ha llegado a una decisión unánime.

    ¿Que formato crees que es el conveniente?

    «Ya lo he dicho públicamente, me parece que para algunos podrá parecer justo, para otros no. Creo que dado el poco tiempo que vamos a tener para jugar, me parece que no dan los tiempos para otro torneo que no sea un hexagonal final y después si, ya pensar en planificar la nueva temporada para el próximo año».

    En medio de este caos, hay un equipo que llevó adelante una gran campaña y conserva las esperanzas de poder enfrentar al River de Gallardo por Copa Argentina, un hecho que tal vez pocos esperaban.

    ¿Están en condiciones de presentar un equipo en noviembre más allá de que pase con el Federal?

    «Estimo que no porque, seamos realistas, la categoría nuestra no tiene permitido comenzar a entrenar, no es que el Depro decidió no entrenar, ninguno de la categoría lo está haciendo y siempre se habló y se bajó esa línea de que iba a haber una x cantidad de días para que los equipos se puedan preparar. Entiendo que antes de fines de noviembre no se podría jugar ese partido, es lo que nos gustaría. Después habrá que ver como son los tiempos de todos…»

    Y en relación a la ilusión que mantiene en pie a este humilde equipo, cerró diciendo: «Nos gustaría llegar con una preparación adecuada para poder llevar dignamente el compromiso que tenemos».

  • Cristian Moyano: los guantes de Totoras que contienen los pelotazos de la pandemia

    Cristian Moyano: los guantes de Totoras que contienen los pelotazos de la pandemia

    Una prueba en Boca, años de inferiores en River, el afianzamiento en Instituto de Córdoba y una carrera futbolística de casi veinte años, con más de diez camisetas, que llegó a su fin con el traspaso a ese equipo que, en la primera línea de lucha contra el coronavirus y dentro cada hospital del país, disputa una final todos los días. Cristian Moyano, a sus 39 años, decidió abandonar el profesionalismo del fútbol para ejercer su otra profesión: la kinesiología. «No me costó ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una», cuenta el santafesino que ahora trabaja en el Hospital Fernández. Y, como quien analiza un partido decisivo, agrega: «No tengo miedo, pero sí responsabilidad. La enfermedad complica muchísimo a las personas que la padecen, yo lo vi». En el arco como en la vida, de un palo a otro: el antes, durante y después del fútbol, la importancia del estudio, el arraigo con el club que lo formó, el sentido de la oportunidad aún en tiempos de crisis y más, en esta charla mano a mano con Interior Futbolero.

    Por Juan Pablo Francia.

    “Bueno, gente. Llegó el momento de colgar los guantes. Le estoy eternamente agradecido a cada persona que conocí por este deporte. Hoy le digo adiós a un amigo, el arco. No te cuidaré más. ¡Nos vemos en otra vida!». Con esas palabras, el 12 de julio, en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio y a través de su cuenta personal de Instagram, Cristian Moyano anunció su retiro del fútbol profesional. Después de haber vestido las camisetas de Instituto de Córdoba, Sportivo Belgrano de San Francisco, Boca de Río Gallegos, El Linqueño de Lincoln, Sarmiento de Junín, Colegiales, Defensores de Belgrano y Cañuelas, vivió sus últimos dos años de carrera con los colores de Deportivo Laferrere, en la Primera C. Y en un triunfo 2-1 frente a Central Córdoba de Rosario, el 29 de septiembre de 2019, el oriundo de Totoras, Santa Fe, se calzó los guantes de arquero, de forma oficial y como titular, por última vez. La decisión representaría abandonar la defensa de los tres palos cada fin de semana, pero no por eso dejar de atajar. En otra cancha y al tiempo, pasaría a utilizar guantes de látex, barbijo, máscara y uniforme para incorporarse al plantel del único equipo que le juega de igual a igual al rival más complejo de los últimos tiempos: la pandemia de Covid-19. «Cuando decidí estudiar, me propuse meterle cueste lo que cueste. Si tenía que sacrificarme en lo que sea, lo iba a hacer», cuenta el exarquero, con el bullicio del hospital de fondo, en medio de su único descanso en un día largo de asistencia y rehabilitación de pacientes que, tras internación en terapia intensiva, atraviesan un proceso para restablecer su fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. «Vemos y atendemos pacientes post Covid que están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir. Y muchos bajan con traqueotomía», describe. Y, como quien hace carne del desafío que afronta, explica: «Sabía que era una oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que estudien o hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Hoy me siento orgulloso de estar trabajando en algo que me gusta».

    Interior Futbolero: ¿Cómo decidiste introducirte en una carrera universitaria en paralelo al fútbol profesional?

    Cristian Moyano: Los primeros tres años de la carrera de kinesiología los hice cuando estaba en Defensores de Belgrano. Y terminé medio repartido entre Cañuelas y Laferrere, cuando cursé el último año y me recibí. Mi hermano es kinesiólogo y quiropráctico. Y Antonella, mi novia, me incentivó a terminar el secundario. A mí me faltaba un año. Y por intermedio de Agremiados, a través de la Fundación El Futbolista, me dieron la posibilidad de finalizar los estudios o hacer algún curso. Mi novia me dijo que averigüe y me convenció. Si bien siempre fui un chico de estudiar cuando vivía en Totoras, después conocí el mundo del fútbol y eso me alejó del estudio. Ahora, de grande, lo pienso y  fue una locura. Pero cursé doce materias, rendí los exámenes y en un año terminé el secundario. Entonces ya le había agarrado el gustito a estudiar otra vez y  mi novia me dijo que me ponga a hacer una carrera. Fue mi hermano el que me preguntó: «¿Por qué no estudiás kinesiología? Está relacionado al deporte, que es algo que vos hiciste siempre». Él estaba en Santa Fe y cada vez que venía a Buenos Aires me acompañaba a averiguar en distintas universidades Y ahí elegí Fundación Barceló, que era la que me brindaba los mejores horarios para acomodarlos con el fútbol.

    La historia del arquero de Totoras que ahora ayuda a pacientes que padecieron Covid-19 | INFO MASIF: Y cuando comentabas que después de entrenar tenías que ir a cursar, ¿cuál era la reacción o recepción de tus compañeros del plantel?

    CM: Algunos lo tomaban con gracia, otros me felicitaban y a otros, directamente, no les interesaba. Pero yo trataba de exigirles a los más pibes que terminen de estudiar. Intentaba inculcarles que traten de terminar y hacerles entender que no es difícil. Si bien el fútbol ocupa mucho lugar en la cabeza, en tiempo son dos o tres horas por día. Después tenés todo el día para hacer algo. ¿Y qué mejor que poner la cabeza en otra cosa? Eso también hace bien. Tuve la suerte de que, en esos cinco años de carrera, me tocaron compañeros que me apoyaron, así como también cuerpos técnicos que me ayudaron. A veces tenía que cursar e irme antes del entrenamiento. O por ahí concentrábamos y tenía que ir a cursar, entonces me dejaban ir y volver a la concentración. Fueron cinco años de mucho esfuerzo y sacrificio, en los que mi novia fue la que más me bancó, pero los clubes también me ayudaron.

    IF: Durante el proceso de estudio, ¿en algún momento sentiste la necesidad de derribar ese estereotipo que encasilla al futbolista?

    CM: Cuando estaba en Cañuelas, clasificamos para la Copa Argentina y nos tocó enfrentar a Rosario Central en cancha de Unión de Santa Fe. En ese momento, creo, estaba en tercer o cuarto año de la facultad. Obviamente, mis compañeros de cursada sabían que jugaba al fútbol, pero siempre fui reservado. Cuando iba a la facultad, quería hablar de temas de estudio o de otras cosas de la vida, pero no de fútbol. Por lo cual no contaba mucho. Esa noche jugamos y perdimos 1-0, pero a mí, personalmente, me fue bien. Cuando terminó el partido, me llamaron desde la transmisión para hacerme una nota porque me habían elegido figura del partido. Y cuando fui al vestuario y abrí WhatsApp, tenía como 130 mensajes. Entre todos esos, tenía algunos de mis compañeros felicitándome y otros que me decían: «Qué bien que hablás». ¿Y por qué? ¿Porque juego al fútbol tengo que hablar mal? Todavía está instalado que el jugador de fútbol no sabe hacer otra cosa. Y la verdad es que no es así. Por eso mismo siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que hagan algo, que estudien, hagan un curso de inglés, computación o lo que sea. Que hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Te fue bien, no te fue bien, te fue más o menos y listo. He conocido a muchos jugadores a los que, lamentablemente, no les ha ido bien y terminaron haciendo algo que no les gustaba. Por eso el momento que hay que aprovechar es cuando se tiene un sueldo y la posibilidad de pagarse una facultad. Se puede estudiar, se puede hacer otra cosa y prepararse para lo que viene. A mí me tocó dejar de jugar, pero con la tranquilidad de tener una profesión para continuar. Eso me dio paz conmigo mismo. No es que terminé de jugar y no sabía qué hacer. 

    IF: Cuando recordaste a aquel pibe que dejó el estudio por el fútbol, hablaste de Totoras, tu ciudad natal y el club en el que empezó todo. Hoy, trabajando en un hospital y desde la distancia de Buenos Aires, ¿qué representa Totoras Juniors?

    CM: Totoras Juniors me formó como persona y eso es lo más importante. A los cinco años empecé en el fútbol y jugué en Totoras hasta los quince. Si bien es el club de mi pueblo, tuve grandes técnicos que me enseñaron a ser buena persona, respetuoso y profesional. Y eso fue lo que me puso feliz. Muchos me agradecieron cuando decidí no jugar más. Mediante mensajes o llamados, hubo gente que me felicitó y hacía tiempo no hablaba. Me agradecían por algún consejo o por haberme portado bien cuando no me tocaba jugar. Y eso es con lo que me quedo de mi etapa deportiva. Dentro de un club se pueden hacer las cosas bien o mal, porque somos humanos y nos podemos equivocar. Pero considero que no podés fallar como persona.

    IF: Y entre Totoras Juniors y tu aparición en Instituto de Córdoba allá por la temporada 2001 de la B Nacional, ¿cuál  y cómo fue el camino recorrido?

    CM: Cuando tenía quince años, fue Boca a hacer una prueba de jugadores de mi categoría, hicimos un partido amistoso, al técnico que estaba en aquel momento le gustó cómo atajé ese día y me convocó para que viniera a Buenos Aires y haga una prueba. Me probé durante una semana, en ese momento en el Parque Sarmiento, y todo resultó bien. Me quedé un año y pasé a River, donde estuve otros dos en inferiores. Después tuve un interín de tiempo en el que me volví a Totoras. En River llegué hasta cuarta, hice pretemporada con Reserva y cuando volví de la pretemporada, el técnico me dijo que iban a bajar muchos arqueros de Primera. Yo tenía 19 años. En esa época estaban Burgos, Bonano, Sessa, Costanzo e Ischuk. Había muchos arqueros e iba a ser muy difícil. Fue en la época de Ramón Díaz y Omar Labruna. Lo charlé con mi familia porque era pibe. Venía de un pueblo y era todo nuevo para mí, me quería volver porque no aguantaba más. Ahí, el técnico de la Primera de Totoras Juniors me dijo que quería que me quedara y que me iba a poner en Primera para que tomara confianza. Empecé a jugar en la Liga Totorense, que la juegan equipos de la zona y de otros pueblos cercanos, y a los tres meses salió una prueba en Instituto de Córdoba. La condición hablada era que, si surgía una posibilidad, me podía ir sin ninguna traba. En Instituto quedé y estuve cuatro años. Hasta que, en 2005, me fui a Sportivo Belgrano.

    El arquero Cristian Moyano se retiró del fútbol profesional • Diario Democracia

    IF: Vestiste más de diez camisetas en tu carrera como arquero y varias en el fútbol del interior, ¿cuál fue la experiencia que más te marcó?

    CM: Con Instituto no pude jugar en Primera porque, cuando ascendimos, me fui del club. Pero fueron cuatro años muy buenos en los que viví la experiencia de jugar el Nacional B, que es un torneo bárbaro. Después tuve una lesión en un tobillo que me complicó y me obligó a buscar un lugar en el que pudiera jugar. Y mi lugar lo encontré en Sportivo Belgrano, que por entonces jugaba el Argentino B. Estuve casi un año y medio y jugué casi 100 partidos. La de Sportivo Belgrano fue mi experiencia más importante en el interior. Disputé muchos partidos, personalmente me sentía muy bien y teníamos un gran equipo. Lo único que faltó fue ascender. Justo, en esa época, nos cruzamos con San Martín de Tucumán, que era un equipo gigante jugando un Argentino B. Pero Sportivo fue el club que me dio más continuidad. Eso me hizo madurar mucho.

    IF: Dejaste el fútbol durante la cuarentena e ingresaste a trabajar a un hospital en plena pandemia. ¿Cómo viviste esa transición?

    CM: He conocido compañeros que dejaron de jugar y tuvieron que volver porque no podían vivir sin fútbol. Por dificultad o incluso por necesidad económica. No es fácil. Y menos si tenés familia. De pronto te encontrás con que el ingreso económico al que estabas acostumbrado no lo tenés y se terminaron los aplausos y las fotos. Y eso también es un tema. En mi caso, me fui preparando para esto porque siempre tuve presente que, en algún momento, iba a dejar de jugar. Y haber estudiado y tener un título, en mi cabeza, me ayudó. A mí no me costó dejar el fútbol porque siempre deseé trabajar en un hospital o un lugar así. Acá hay gente a mi alrededor que hace más de treinta años que está en esto y eso es muy bueno para mí, que recién arranco. Sabía que era una linda oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Yo veo todo el tiempo, en los grupos de WhatsApp de kinesiólogos en los que estoy, que están requiriendo profesionales para entrar a hospitales y clínicas porque se están necesitando. Por un lado, por la cantidad de contagios. Y por otro, porque se enferma la gente que trabaja en la salud. Entonces, si bien tenía contrato hasta junio en Laferrere, decidí esperar. Pero llegando al final de junio y sabiendo que el fútbol no iba a volver, surgió esto. Me llamaron para ser refuerzo del Hospital Fernández y ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una.

    IF: ¿Cómo se vive la pandemia dentro de un hospital, del otro lado del mostrador y con la realidad cara a cara?

    CM: La situación, acá, muestra que hay bastante ocupación de camas. Pero yo sabía dónde me iba a meter y lo que iba a ver. No tengo miedo, pero sí responsabilidad. Tengo compromiso a la hora de trabajar. Cuando arranqué, no sé si era por miedo o inexperiencia, pero trataba de hacer muy bien todo lo relacionado a los cuidados. Cómo tenía que vestirme antes de ver a un paciente y cómo desvestirme, porque eso también es un tema. De qué forma ponerte y sacarte los elementos de seguridad y cómo sacártelos para que no te quede nada y que después, sin querer, te toques la cara, un ojo, la boca o la nariz. Pero entre nosotros, acá en el hospital, nos cuidamos un montón. Miedo no tengo, pero sí respeto. La enfermedad existe y complica muchísimo a las personas que la padecen. Yo lo vi.

    Cristian Moyano, de colgar los guantes a su rol en la rehabilitación de pacientes recuperados de COVID-19 - el1digital.com.ar
    Imagen: El1digital.com.ar

    IF: ¿Cómo es tu trabajo de kinesiología en la atención a pacientes con coronavirus?

    CM: Nosotros vemos pacientes post Covid, que bajan de terapia intensiva y de haber estado conectados con un tubo de ventilación mecánica que utilizan para respirar. Están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir y muchos bajan con traqueotomía. Nosotros realizamos una evaluación de fuerza, tronco y movilidad. Tomamos un índice en el que, con preguntas al paciente, revisamos si se puede cambiar solo, si puede comer y si puede ir al baño. Con eso extraemos un parámetro de cómo está el paciente para iniciar la rehabilitación. Y a partir de ahí, comenzamos trabajos de ejercitación, de fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. Con la idea de que esa persona pueda desempeñarse independientemente como lo hacía antes de caer en terapia. Al principio, cuando baja el paciente, hay algunos que no saben dónde están ni qué día es. Hay otros que bajan bien y hay otros que tienen una patología de base y les cuesta mucho más. El coronavirus ataca a los pulmones y a esos pacientes que tienen afecciones con antecedentes les cuesta mucho. A la hora de sentarse, hay gente a la que le falta el aire y reciben oxígeno a través de una cánula nasal que te piden que se la pongas. Pero tratamos de ir de a poco y sacarles un poquito de ese oxígeno para que no se hagan dependientes y puedan volver a respirar por sus propios medios.

    IF: Sin haber sido futbolista, ¿hubieras sido kinesiólogo?

    CM: Sé que hubiera estudiado algo. No sé qué, pero seguramente me hubiese ido a Rosario, porque en mi pueblo todos se van a estudiar a Rosario. No sé si hubiera sido kinesiólogo, pero sí sé que hubiera estudiado. De eso estoy seguro. Nunca se sabe lo que va a pasar en la vida, pero hay que buscarlo. Si uno se queda sentado, nadie va a venir a preguntarte si querés hacer esto o ser aquello. Hay que buscarlo. El camino de la vida me trajo hasta acá y por algo se dan las cosas. Por algo me costó mucho estudiar y jugar. Hoy tengo la posibilidad de trabajar en el hospital y, más allá de toda esta situación, lo disfruto mucho y estoy contento. 

    IF: ¿Qué te genera más orgullo? ¿Haber logrado vivir del fútbol o encontrarte hoy, por segunda vez, viviendo de tu profesión para atajarle los pelotazos a la pandemia?

    CM: Me siento orgulloso porque mientras jugué al fútbol estudié y me preparé para el día de mañana. Me genera orgullo que se me haya prendido la luz para estudiar en ese momento, porque no sabía cuánto tiempo más iba a jugar ni cuándo iba a conseguir club. Y tenía que aprovechar la posibilidad de tener un sueldo que me permitía vivir y pagar la facultad. Creo que parte desde ahí. Y ahora, después de haberme recibido, estoy orgulloso de eso. De que mientras jugué, pude estudiar. Fue dificilísimo. Y no hubiese sido posible sin el apoyo de mi novia, que era la que se bancaba verme estudiar todos los días y los fines de semana. Estoy haciendo algo para lo cual me preparé y me gusta. Y atrás de eso vino esto de que, por ejemplo, me hagan una nota y no por el fútbol, sino por lo que hago ahora.

    EL DÍA QUE FUE ELEGIDO COMO FIGURA, CON CAÑUELAS Y POR COPA ARGENTINA, FRENTE A ROSARIO CENTRAL: