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  • Dos veces en dos meses

    Dos veces en dos meses

    San Martín de Tucumán logró en 1988 ascender dos categorías con apenas 63 días de diferencia. Del Zonal Noroeste a la B Nacional y de la segunda división a Primera mediante un Reducido. Hoy el Santo sueña con volver a aquellas épocas.

    San Martín de Tucumán cuenta con un logro inédito: dos ascensos en apenas dos meses. Del viejo Torneo del Interior (precedente del actual Federal A) a Primera División en tan sólo 63 días, sin participar formalmente en la B Nacional. La segunda categoría le seguía quedando chica al Santo, por lo que fue por más en un Reducido poco inteligible, excepto para un fútbol argentino siempre abierto a innovaciones (muchas veces desprolijas) a la hora de diagramar los torneos.

    El primer salto, del Zonal Noroeste a la B Nacional, era un objetivo factible, aunque no por ello sencillo. San Martín se había asegurado un lugar en el certamen federal por su título en la Liga Tucumana 1987 y era uno de los candidatos. No obstante, para cumplir la meta había que recorrer el país y confrontar ambiciones con rivales quizás de menor jerarquía y sin tanto peso, pero con el mismo hambre de gloria. Y así fue como el equipo Ciruja se midió frente a adversarios como Jorge Newbery de Tucumán, Social Vespucio de General Mosconi, Talleres de Perico, Central Norte de Salta, Atlético Ledesma, Belgrano de Paraná y Sarmiento de Leones.

    Tras superar las instancias previas, San Martín chocó en la final ante Güemes de Santiago del Estero. Un duelo a todo nada por un lugar en la B Nacional. Sin embargo, el equipo tucumano barrió con todo entusiasmo por una definición con suspenso en Santiago, porque en la ida en la Ciudadela goleó 5-1 y dejó prácticamente liquidada la historia. Y finalmente, el 29 de mayo de 1988 concretó el ascenso en la revancha con una caída 0-1 que en nada cambió el horizonte cantado hacía siete días: el Santo era de la B Nacional, aunque ésta era apenas la mitad de la gesta…

    La conquista del Zonal Noroeste no sólo le permitía al Santo jugar en la segunda categoría. De yapa, se le abrió un lugar en el Reducido por el segundo ascenso a Primera, integrado por otros 11 clubes (los nueve mejores de la BN después del campeón Deportivo Mandiyú, el campeón del Zona Sureste y el campeón de la B Metropolitana). Y allí, San Martín rompió todos los pronósticos y se adjudicó el último boleto rumbo a la A, con la mayoría de los jugadores también protagonistas del título en la Liga Local hacía menos de un año.

    Tigre (1-0 en Tucumán y mismo resultado de visitante), Cipolletti (5-2 y 1-1) y Quilmes (0-0 y 1-2) fueron los rivales de San Martín en las tres primeras instancias. En las tres, el Santo definió de visitante, pero la tendencia era clara: en el mano a mano, el equipo dirigido por Nelson Chabay (Carlos Roldán era su ayudante de campo) se hacía invensible.

    La final fue ante Chaco For Ever. El Santo, sin reserva física por tanta competencia seguida pero con una confianza desmesurada, no dejó dudas al ganar 1-0 de local y 2-0 en Resistencia, ante un acompañamiento multitudinario. No había con qué darle a aquel equipo conformado por Pedro Pablo Robles, Walter Villafañe, Alfredo Juárez, Dante Unali; Héctor Chazarreta, José Humberto Noriega, Julio César Jiménez; Ricardo Troitiño, José Ernesto Campos; y Jorge Orlando López. Un 11 titular histórico que el 31 de julio de 1988 devolvió a un gigante del interior, ya reconocido por su incursión de los viejos Nacionales, a Primera División.

  • Como aquella vez…

    Como aquella vez…

    Talleres prepara para el domingo una fiesta como la del último ascenso y sueña con alcanzar nuevamente la gloria. En esa ocasión, 57 mil hinchas del Albiazul coparon el Kempes y protagonizaron la quinta mayor convocatoria a nivel mundial de la fecha, incluso por encima del Boca – River.

     twitterPor Andrés González Casco (@AndresGonzCasco)

    La noche del lunes 6 de mayo del 2013 es el último gran recuerdo del hincha de Talleres. Fue el día del regreso a la B Nacional, al lugar que el Matador sentía que jamás debería haber abandonado pero del cual apenas un año después volvía a despedirse, atosigado por una campaña paupérrima. Sin embargo, hoy la historia es diferente, y en la T hay apetencia de revancha: si gana el domingo ante Unión Aconquija y Defensores de Belgrano (VR) no suma de a tres frente a Sol de América, los cordobeses se quedarán con el primer ascenso del Federal A.

    Aquella vez, San Jorge de Tucumán fue el rival de turno, y el estadio Kempes el escenario de una fiesta histórica. Con un gol en el ST del Chipi Velasco de taco, Talleres ganó 1-0, se aseguró el primer lugar del Undecagonal dos fechas antes del final y desató la locura de 57 mil hinchas presentes. Sí, una concurrencia inédita en el Ascenso argentino, incongruente con la circunstancia.


    Fue la noche del festejo eterno, del grito hasta la afonía y de la reivindicación ante el dolor. Del abrazo con el padre, el hermano, el hijo y el desconocido. Y seguramente del Récord Guiness, porque poco registro habrá en el mundo de un acontecimiento de esa naturaleza, en un tercer escalafón de fútbol profesional. De hecho, aquel encuentro fue el quinto con mayor concurencia en la semana a nivel global. Inclusive por encima del Boca – River (48.000 personas), disputado en la Bombonera. Sólo Borussia Dortmund – Bayern Munich (casi 81.000), Manchester United – Chelsea (75.500), Real Madrid – Valladolid (68.000) y Barcelona – Betis (67.785) lo superaron.

    Los preparativos para este domingo avizoran un escenario similar al de aquel 6 de mayo. Las cuadras de fila en la Boutique durante la semana y el escaso remanente (hasta este jueves quedaban menos de tres mil tickets por vender) a días del partido son evidencia de ello. La típica vaquita del cotillón para pintar el Kempes de azul y blanco también se engrosa. La promoción especial por el Día de la Madre (las mujeres sólo abonan los 20 pesos correspondientes al seguro) invitan a la familia unida. El Sol brillante pronosticado para el fin de semana se brinda para la sonrisa. El marco ya está armado, a Talleres sólo le falta ganar y esperar buenas noticias desde Villa Ramallo. Aunque el Elefante no se rinde…

  • Campeones del Prode

    Campeones del Prode

    Anécdota insólita del fútbol argentino: en 1984, el plantel de Racing de Córdoba participó con una boleta en el juego de apuestas y obtuvo los 13 aciertos. Pero como hubo casi cien ganadores, ¡sólo les alcanzó para una cena!

    El alto voltaje durante el partido y el desaforado festejo de los jugadores de Racing de Córdoba no condecían con el contexto. No era una final. Tampoco se definía algo importante. «Era un partido de poca trascendencia, en la sexta fecha del campeonato, pero lo jugamos con mucho nerviosismo”, recordó alguna vez Roberto Gasparini, el ex volante de la Academia, autor de los dos goles de una noche inédita, en la que el equipo cordobés le ganó 2-1 a Ferro y así completó los 13 aciertos de una ficha del Prode.

    “La boleta la jugamos entre todo el plantel, eramos unas 40 personas. Era el partido televisado del lunes, el último de la fecha, y festejamos tanto porque habíamos ganado el juego de apuestas. Llegamos a ese partido con 12 puntos. Habíamos hecho una tarjeta con 4 dobles, 4 triples y 5 partidos de un solo resultados”, continuó el ex jugador, en diálogo con Mañana Sylvestre (Radio Del Plata).

    El pozo aquel fin de semana era de 1,7 millones de dólares, la suma más alta en más de diez años, lo cual hacía todavía más épico al marco. Todo dependía de ellos, de los futbolistas que aquel 6 de mayo jugaron al fútbol con la cabeza de un apostador. Sin arriesgar de más, midiendo fríamente los momentos y empleando la meticulosidad típica de un experto en las carreras de caballos. Las condiciones dadas por lo ajeno a su oficio justifican por qué esa fría noche en cancha de Instituto disputaron el partido de su vida.

     La mano venía complicada para Racing ante Ferro. Sin embargo, a cinco minutos del final, Gasparini puso el 2-1 final de tiro libre y desató la locura. El abrazo en el medio no era sólo el de un equipo triunfante, sino el de once afortunados que habían ganado el premio máximo de un popular juego de apuestas. Sin embargo, el monto para cada uno fue mucho menor de lo pensado, porque casi un centenar de tarjetas coincidieron en el primer lugar. Así, con la parte de dinero que seguramente le habría alcanzado a cada jugador para una casa y un auto, apenas sirvió para una cena del plantel.