«Una imagen vale más que mil palabras», cuanta razón. Sería muy fácil sentarme a escribir la crónica de la victoria de Sportivo Estudiantes de San Luis sobre Temperley, empezar a contar uno por uno los detalles del encuentro y cerrar todo como un gran batacazo. Sin embargo, este no fue un partido más en el que un equipo de menor jerarquía vence a uno superior, hoy ganó el fútbol.
Estudiantes de San Luis, tendencia en las redes sociales, hace no más de 5 años estaba jugando la liga local de su provincia. Anoche, los jugadores enfrentaban al Gasolero por el honor, respeto a la institución y agradecimientos al hincha que viajó hasta San Juan. Atrás de esto, una dura y triste realidad. No cobran hace más de cinco meses, muchos no pueden alimentar a sus familias y el caso más estremecedor es el del arquero y capitán del equipo, Valentín Brasca, quién hace unos días atrás declaró entre lágrimas: “No tengo plata para el día a día; Tengo compañeros que están trabajando de panaderos”.
Luego, y casi sin armas para recriminarle la deuda a Carlos Ahumada Kurtz, investigado y denunciado por presunto lavado de dinero, los futbolistas le hicieron saber a todos el duro momento que viven con una protesta en el inicio del juego ante Talleres, donde en un acto de grandeza la hinchada y jugadores rivales respetaron y apoyaron la medida de los puntanos, que como ellos, trabajan y buscan vivir del fútbol.
Esta vez, y frente a Temperley, demostraron el inmenso corazón que tienen. Llenaron de orgullo y le sacaron una lágrima a más de un amante del fútbol. El grito en el cielo: “Gracias dios” del artífice de los dos goles de la victoria y la felicidad de los futbolistas al momento de recibir el cheque de 459.000 pesos por el pase a la siguiente instancia, donde enfrentarán al ganador del cruce entre Rivadavia de Venado Tuerto o River Plate, son postales que dignifican y representan al deporte nacional y popular. Imágenes imborrables y un momento que quedará para siempre en los ojos del hincha Albiverde, que con rifas y vendiendo empanadas en la puerta de la institución también aportaron su granito de arena para ayudar al club.
Cabe remarcar también que muchos no se olvidan de la polémica escucha en la que Julio Humberto Grondona anunciaba que el único equipo que le interesaba en el interior del país era Estudiantes, aquel que consiguió tres ascensos en poco más de dos años. Más allá de los cuestionamientos, me pregunto: ¿Qué culpa tienen estos jugadores? La mafia fue y será siempre una porquería, que daña al fútbol y ensucia a estos futbolistas que juegan con el corazón, por amor al arte y me saco la camiseta del club que amo, Juventud Unida Universitario, y le agradezco al plantel de Estudiantes por hacer que este hermoso deporte, como lo es el fútbol, me sorprenda una vez más con la humildad, esfuerzo, coraje y pasión con la que salen a ganarse el pan de cada día.

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